A 30 kilómetros de Girón, por un pedraplén polvoriento, el visitante se encontrará con esa otra Cuba que ausente de los grandes medios, allí perviven los pobladores como los primeros habitantes del archipiélago: la existencia está signada por la caza, la pesca y la recolección de leña.
El silencio lo cubre todo, como el polvo del camino, pero dos veces al día llega la electricidad desde un equipo generador para conectarlos por algunas horas con la contemporaneidad.
Existe una escuelita y un policlínico, y la gente ama y sueña, en silencio y apartados de la premura que marca la modernidad. Allí todo parece más lento, más profundo.
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