El matancero tiene la dicha de sentir la inmensidad del universo desde las alturas de Monserrate, y allí disfrutar la gran bahía y la ciudad, con sus casitas bien dispuestas en los cerros, que a la noche se transfiguran en luces para exhibir una de las vistas más hermosas de la Isla.
Me confieso eterno enamorado de esta comarca bendecida por el mar y golpeada por el tiempo. Tanta es su belleza que sedujo a innumerables bardos que la reverenciaron como si de una bella mujer se tratase. Y hasta nos hizo un poco vanidosos y la comparamos con la esplendorosa Atenas de Grecia.

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