Cada adoquín matancero rejuvenece con los pasos agigantados de zancos que colman de alegría al público matancero.
Los trajes coloridos y brillantes, las coreografías y maniobras artísticas distinguen a los gigantes de Zancuba que desde hace cinco años entretienen a la ciudad de Matanzas y a otros rincones del país.
El espíritu juvenil los llena de ímpetu y muchos reconocen que son parte de una gran familia.
Matanzas rejuvenece estructuralmente y Zancuba le brinda esa alegría que la complementa.
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