En la tibia mañana, con un sol tímido en el cielo, los pescadores se adentran al mar que aún conserva la frialdad de la madrugada.
Recorren la playa Los Pinos una y otra vez en busca de pequeños crustáceos. Desde el viaducto que bordea esa porción de agua se les ve como pequeñas isla que se mueven lentamente.
Después de un tramo recorrido levantan el rastrillo para extraer la captura: jaibas, camarones, pequeños peces. La faena dura varias horas y a veces brinda su recompensa.
La escena se hace habitual en varios puntos de la bahía, aunque muchos prefieren Los Pinos por la poca profundidad y extensión de la playa.
Otros lanzan la tarraya en busca de carnada para la pesca posterior, o quizás alimentar a los cerdos que crían en casa.
En la gran ensenada donde desemboca el río Yumurí también se observan a varios pescando. Río adentro, a la entrada del gran Valle, con el agua también al pecho y el fango a las rodillas, otro pescador también prueba su suerte, mientras, el sol aún duda en salir.
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