
Quizás se trate de los puentes menos mencionados de Matanzas, aunque también ostente la condición de centenario con sus 112 años de vida. Sin embargo, para los pobladores del poblado San Francisco de Paula, a pocos minutos de Matanzas, representa una vía de cruce diario sobre las aguas del San Juan.

El cruce de este obstáculo tuvo diferentes variantes a lo largo de los años.

Refieren los arquitectos Luis González Arestuche y Ramòn Recondo Pèrez, que con su ejecución se solucionó el traslado de productos agrícolas hacia la ciudad de Matanzas.

Se trata de un puente de estructura metálica de dos luces que se configura con dos armaduras dependientes.

La pila central y los estribos, cerrados y con aletones oblicuos, son de hormigón masivo. En sus inicios la superficie de rodadura original era de entablado de madera. En 1960 sufriò cambios del pavimento de madera por rejillas tipo Irving y sustitución de los componentes metálicos dañados.

La belleza del lugar sorprende a quienes visitan la zona por primera vez.

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