El valle del Yumurí es uno de los parajes más conocidos de Cuba. Quien visite la provincia desde la Capital Cubana queda extasiado ante el paisaje que descubren sus ojos al arribar a la urbe yumurina, porque ese sitio emblemático también se ha convertido en gentilicio de los hijos de esta tierra.
Según una leyenda matancera, gracias a una recopilación del Doctor Américo Alvarado, un cacique aborigen nombrado Yumurí y que regía en el Valle, huyó con su amada Albahoa, ya que se oponía a su amor.
El joven tomó a su amada en brazos y corrió por lo que hoy se conoce como Alturas de Monserrate y se lanzó desde lo alto. Al caer en una de las riberas fangosas del río, los amantes comenzaron a hundirse hasta perderse para siempre.
Desde entonces, cuenta la leyenda, el río comenzó a llamarse Yumurí, y con ese nombre lo conocemos hoy.
El paso del tiempo no ha mellado semejante belleza, conserva su magno esplendor con las diversas tonalidades del verde, y las palmas que se yerguen esbeltas, dominando el horizonte. Es tanta la belleza del lugar que un príncipe ruso de visita en la ciudad, exclamó al verle: ¡Solo faltan Adán y Eva!”
En el presente trabajo le entregamos varias instantáneas que magnifican su belleza.

Justo a orillas del río Yumurí avanza una línea del único tren eléctrico de Cuba.

La cercanía del río posibilita el encuentro de varios crustáceos, como esta jaiba que decidió avanzar por la vía férrea.

La humedad permite imágenes como estas, donde un manto verde cae desde una pendiente.
Un pequeño cangrejo rojo se oculta entre los abundantes mangles de la orilla.


El río y el verdor reinante apaciguan el dolor.

Una vista poco común de la Ermita de Monserrate.

Su imagen más cercana
