Al recorrer la Ciénaga de Zapata de cualquier claro de monte brotará el agua; emerge como un raudal desde las entrañas de la tierra, buscando la libertad en una poceta donde luego permanecerá inmóvil e imperturbable.
Como el más límpido de los espejos, las transparencias de sus transparencias pugnan con la realidad, y ya no sabes con qué extasiarte, si con las llanas y los mangles que surgen del suelo, o su representación que magistralmente proyectan las aguas.
Pareciera como si otro mundo misterioso emergiera de las inmensidades de las cavernas y sistemas fluviales de Zapata. Pocas veces logras ver el fondo, y hay quienes aseguran que no existe, que es infinito, donde más de una carreta se ha aventurado al vacío sin dejar rastro.
A veces la presencia humana desentona ante semejante prodigio natural, vibrante de quietud y belleza, allí, el lugar donde resuena persistente la tonada del efluvio.
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