Miércoles , 20 noviembre 2019
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William Quintana Torres en siete actos

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A veces da la impresión que va por la vida como por un gran escenario; camina con prestancia, danzante, con pasos armoniosos como si interpretara algún protagónico.

 Su cuerpo robusto nunca pasa inadvertido; cuando llega a algún lugar todos voltean la mirada porque su presencia se impone, quizás sea la proyección de su voz, sus ademanes, que sin ser ficticios rebosan plasticidad, blandura, unido a su vez, a una fuerte personalidad, quizás compleja ¿cómo el teatro?, pero siempre auténtica.

Así es el actor Williams Quintana Torres, o al menos esos pueden ser unas de las tantas fisionomías con que se arropa.

 ACTO 1: INFANCIA

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Williams Quintana Torres nació en la provincia de Villa Clara. De niño se recuerda sobre la plazoleta de su escuela primaria escenificando un poema en cualquier fecha señalada.

En su cuadra también representaba obras de teatro en las diversas actividades vecinales. Por ello asegura que desde siempre quiso ser actor. : “¡Yo supe que sería artista! Ese era mi camino: la actuación”.

En la secundaria esa predilección por el arte fue ganando fuerza al integrar un grupo de aficionados; algo similar sucedió en el Preuniversitario.

ACTO 2: ARRIBO A MATANZAS Y A LA RADIO

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El año 1986 marca un parteaguas en la vida de Williams Quintana. Alejado momentáneamente de la actuación, arriba a Matanzas y se produce un relanzamiento -esta vez en serio- de su carrera actoral.

Los primeros pasos sobre tablas yumurinas los da junto a la agrupación Arenas Libres. En ese período comenzaría una relación especial con un medio que le depararía momentos inigualables: la radio.

“A mí la radio siempre me gustó, escuchaba muchos programas dramáticos en la emisora CMHW, de Santa Clara. Me impresionaba conocer a los actores de las novelas radiales. Yo me construía a los personajes de una forma, y cuando los conocía personalmente quedaba anonadado. ¡Aquella princesa joven y de ojos azules era realmente una mujer de 50 años y mulata! Eso fue lo que más me cautivó”, comenta Williams en uno de los pasillos de Radio 26.

Quizás por eso no titubeó  cuando escuchó de un casting en la emisora matancera, que en aquel entonces estaba ubicada en la calle Contreras, a pocos metros del Parque de la Libertad. Corría el año 1988, y el joven se adentraba a un mundo desconocido al incorporarse al grupo de dramatizados de Radio 26.

“A partir de ese momento comenzó mi vida profesional como actor. En ese entonces descubrí la inmensidad de la radio, la magia que la envuelve”. Con el tiempo incursionaría en escrituras de programas y en dirección.

Lejos estaba de sospechar que tres décadas después su vida estuviera tan ligada a ese medio: “la radio me atrapó un día y no me soltó nunca más”.

Sin embargo, el Período Especial significó un momento difícil en su vida cuando le cerraron el contrato como actor, dado los problemas económicos que enfrentaba el país.  Más no se separó de la radio, solo de la emisora matancera.

En ese tiempo probó suerte en la capital del país, incursionando en Radio Habana Cuba, Radio Progreso, entre otras emisoras. Pero los amores verdaderos perduran y son a prueba de vicisitudes: regresó a su ciudad adoptiva, y se reincorporó a la emisora de la ciudad, esta vez como director del conjunto dramático.

 ACTO 3: CONFLICTO: ¿DIRIGIR VS ACTUAR?

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El experimentado actor disfruta dirigir y actuar, aunque reconoce que resulta difícil ambas funciones. Asegura que con los años se va ganando oficio y te permite desempeñar esa dualidad sin contratiempos.

“Me gusta mucho la dirección de radio, sueño la radio en imágenes, además, tengo la suerte de trabajar con uno de los mejores grupos dramáticos del país, lo cual me llena de orgullo y facilita mi labor.

Por aquí pasó Xiomara Fernández, con un cúmulo de premios, gozamos la experiencia de trabajar con Magalys Bernal, Premio Nacional de Radio, entre otros excelentes actores a los que se suman jóvenes en formación, con muchísima competencia”.

Y esa es otra de las cualidades de Williams, velador y formador del talento joven. Con todo el respeto que el siente por los maestros, se considera un formador, o al menos “hay algo de eso en mi carrera, desde que tomé las riendas del grupo dramático he tratado de aceptar a todos los actores jóvenes de la provincia. Gracias a ello contamos con un elenco numeroso y con talento.”

 ACTO 4: ASOCIACIÓN HERMANOS SAÍZ

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Williams es una especie de hombre orquesta. A pesar de la entrega que requiere la actuación y dirección, asumió diferentes responsabilidades en organizaciones de la cultura como la UNEAC, sin embargo, fue la Asociación Hermanos Saíz (AHS) la que le marcó, dedicándole 24 años de su vida.

“Soy miembro de honor de la AHS, fue un trabajo que me abrió muchas puertas y me hizo feliz. Llegó un momento en que sentí que mi trabajo en esa organización ya estaba hecho; era el momento de darle paso a otros jóvenes que llegan con ideas frescas, renovadoras, más mantengo el contacto estrecho con los muchachos de la AHS y con el Festival Atenas Rock.

 ACTO 5: TEATRO EL PORTAZO Y CCPC

Si bien siempre mantuvo el vínculo con el teatro, integrando elencos de renombre en las tablas matanceras, siente especial cariño por el grupo El Portazo y particularmente la puesta en escena CCPC.

“El Portazo está cumpliendo siete años de fundado, y aunque no soy fundador, me uní al proyecto desde los inicios. Una vez alguien expresó que CCPC marcó un antes y un después en los cafés teatrales en Cuba, y creo que de alguna manera fue así. Para mí como actor representó una experiencia abrumadora. Ese grupo se renueva constantemente, es una maquinaria que te pasa por encima, te desbarata y a la vez te hace feliz. Es una escuela donde aprendes de política, economía, de actuación, te exige mucho en cada puesta. Estoy muy orgulloso de formar parte de ese proyecto.

 ACTO 6: ¿RADIO O TEATRO?

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Como si esperara la pregunta de un momento a otro, no duda en responder. “La radio es mi medio natural”. Pero el teatro también le tira de los sentimientos.

“Ese contacto diario con el público, sentirlo cerquita, casi respirar, los aplausos, se trata de algo indescriptible.

Como ejemplo menciona las innumerables presentaciones de CCPC, el esfuerzo físico y mental hacían mella en él, cuando el cansancio le aturdía por unos segundos, le sobrevenía una pregunta: “¡Dios mío! ¿Qué hago aquí arriba?”, pero apenas pasados unos segundos se respondía: “¡Por ego!”.

“El ego, el ego del artista nos compulsa al sacrificio. Es una verdad como un templo. Los actores somos vanidosos, pero se trata de una vanidad rara, porque no tiene que ver con el dinero, ni con la riqueza material, siendo sincero, el teatro y la radio te aportan poco económicamente. Pero al terminar una función y constatar como el público se levanta a aplaudir…eso no se compara con nada en la vida.”

“Más sigo prefiriendo la radio. Esa posibilidad de renovarse constantemente en una mañana de grabación. Hacer cuatro personajes diferentes, poder sacarle a los actores toda la verdad que lleva adentro el personaje, eso para mí resulta vital, mi oxígeno, no podría prescindir de esa sensación”.

 ACTO 7: CUBA, MATANZAS

Con doble membresía en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y Presidente de la Filial de Artes Escénicas en la provincia, el actor continúa con las mismas ganas de aprender y hacer que la primera vez.

Lleva en su haber decenas de premios y reconocimientos que responden a lo que él sencillamente llama trabajo. A eso se debe cuánto ha logrado y de lo que verdaderamente se siente orgulloso: “de lo mucho que he trabajado”.

Dos cosas tiene claras en la vida Williams Quintana: su amor por Cuba a pesar de sus complejidades, porque para él no tendría sentido vivir fuera de la isla, y morir lejos mucho menos.

De Matanzas tiene poco que decir, porque siente mucho. Cuando visita Santa Clara algo le falta, ya no la reconoce como su tierra natal, necesita sentir la brisa, el mar, que sus ojos se pierdan en la bahía yumurina. Y es que los hombres nacen más de una vez, en los diversos escenarios que les presenta la vida. Quizás sean mucho más los actos que Williams ha escenificado en su existencia, quizás existieron quebraduras, desgarramientos, pero la plenitud y el crecimiento constante como artista van consigo, como las tatuajes grabados en su piel.

 

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Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

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