Portada Ciencia Bioplaguicidas benefician cultivos en Matanzas
21 de marzo del 2010
Bioplaguicidas benefician cultivos en Matanzas PDF Imprimir
Roberto Pérez Betancourt


Mosca lixophaga diatreae, controladora del bórer
La provincia de Matanzas—100 kilómetros al este de la capital cubana-- es pionera en la producción y aplicación de bioplaguicidas en laboratorios pertenecientes a los ministerios de la Agricultura y del Azúcar, eficaces para combatir plagas y enfermedades que afectan a diversos cultivos, incluidos los pastos y áreas destinadas a forraje para la alimentación del ganado bovino, equino  y otros herbívoros
Décadas de experiencia en esa rama y variedad de recursos están al alcance de  entidades agropecuarias y  agricultores inteligentes que se incorporan  en tierras que permanecían ociosas.
Los centros reproductores de entomófagos y entomopatógenos (CREE) se fomentaron en Matanzas en la década del 80 del siglo pasado, cuando también se extendieron en todo el país.
A la reproducción de la  mosca lixophaga diatreae, controladora del bórer barrenador de la caña de azúcar, se sumaron otros insectos, hongos y bacterias eficaces contra  nemátodos, la mosca blanca, el tetuán del boniato, el picudo del plátano, la polilla de la col y otras plagas.
La probada eficacia de los controladores biológicos reporta además  bajo costo y no es agresiva al medio ambiente ni a los humanos, a diferencia de los plaguicidas químicos importados, cuyo uso contamina los ecosistemas.

17 institutos de investigación contribuyen en Cuba

Sergio Rodríguez, director del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT) en un reciente  Panel sobre las ciencias agropecuarias en la Revolución Cubana y su desarrollo en estos 50 años, explicó que Cuba cuenta con 17 institutos de investigación que colaboran en áreas de genética,  suelos,  control de plagas y enfermedades,  
mecanización agrícola,  actividad forestal, apicultura y  producción de carne de cerdo y de aves, entre otras.
Se trata del Sistema Nacional de Ciencia e Innovación Tecnológica Agraria (SINCITA) cuya integración es avalada por el ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
Para caracterizar la importancia del control biológico, Rodríguez explicó que de cinco mil 400 toneladas de plaguicidas químicos  que se empleaban en actividades agropecuarias en el año 1995, se redujo a mil toneladas el año 2009.
Al respecto subrayó que la disminución alcanzada fue posible gracias a nuevas variedades y tecnologías y a la labor de los CREE (TVY).
 
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