Un conjunto de reportajes que se entrelazan con la literatura se agrupan en el libro Los fantasmas de Omaja, de Jaime Sarusky, demostrando la existencia pertinente del reportaje literario. Este escritor cubano descendiente de padres europeos que emigraron a Cuba, nunca dejó de sentirse identificado con la explosión migratoria que marcó la primera mitad del siglo XX.
Con un fuerte apego a la realidad de aquellos que hallaron un techo en la Isla, cuenta los aciertos y desaciertos de esas personas de culturas antagónicas a la nuestra, utilizando el reportaje literario. Con el lenguaje propio de este género nos permite realizar una lectura amena de otra cara de la realidad cubana: la emigración histórica de japoneses, hindúes, suecos y norteamericanos.
Los fantasmas de Omaja, desde el espectro del periodismo demuestra que también se puede usar la literatura para narrar y describir hechos reales, de modo que a veces sus historias parecen cuentos pero no lo son.
Sarusky se basa en declaraciones de historiadores, en estadísticas de la época y en testimonios de los propios emigrantes y sus descendientes, brotando a la luz narraciones tan gratas como las divergencias entre cubanos y norteamericanos en un pueblo situado entre Las Tunas y Holguín – Omaha para los norteamericanos y Majibacoa para los cubanos- ; los suecos Ekman y Nystrom, los primeros en conquistar el Pico Turquino; el testimonio del japonés Harada y su familia, entre otras.
Jaime mediante este tipo de reportaje cuenta historias reales, apoyándose en las herramientas que por sus similitudes con la literatura el cuento y la novela le brindan. Narraciones que dan cuenta además de un interesante proceso de transculturación, en el que, aunque los primeros en llegar trataron de mantener con todas las fuerzas sus raíces; pero después sin quererlo sus tradiciones se adecuaron a la realidad del criollo y de la sociedad cubana, con la que quizás sin quererlo se sintieron identificados.
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