Jueves , 21 noviembre 2019
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Condenados a una segunda muerte

15 de mayo, 2019.  Suena el teléfono. Carmita abandona sus quehaceres en la máquina de bordar. Se desplaza con gracia… Atiende la llamada, solo el silencio es respuesta ante la noticia… son lo más valioso que posee y ahora yacen sin protección.

Del otro lado del teléfono Rolando le pide calma:

– La solución está en manos de los responsables. Si ellos la rompieron, ellos la deben arreglar.

– ¿Usted cree, Santico? – Así apodan al señor encargado de limpiar el panteón familiar desde hace muchos años.

– Claro Carmita, tienes que hablar con el administrador. Ellos cortaron el gajo que tumbó la pared del panteón y le partió la tapa.

– Santico, pero me preocupa que pase algo peor, recuerde que no hace mucho tiempo me llevaron las argollas de la tumba ¿y si ahora quieren los restos de mami y papi, o piensan que mis abuelos fueron enterrados con algo valioso?

– Tienes que moverte rápido Carmita, esos trámites uno sabe cuándo comienzan, pero no cuándo terminan y en el cementerio han pasado cada cosas…

Mirar las cosas y decir que no se ven

La necrópolis San Carlos Borromeo de Matanzas constituye la tercera más importante del país y cuenta con las únicas catacumbas activas en Cuba. Casos como el de Carmita e incluso de mayor magnitud, son frecuentes allí.

Según Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad y Especialista en Segundo Grado en Medicina Legal,  el fenómeno de la profanación cobró auge en Matanzas durante los 80 y 90, la época de la “caza del oro”. Muchos sepulcros resultaban ultrajados en busca de personas enterradas con objetos de valor. “Las más perjudicadas fueron las tumbas del siglo XIX, sobre todo las galerías subterráneas”, cuenta Vento.

“Después de la década del 90 esto se mantuvo como una  práctica sistemática. Años más tarde aumenta el saqueo a internacionalistas y militares”.

“La profanación en el cementerio siempre ha existido” – cuenta Rolando Villalonga. Hace 27 años que trabaja en San Carlos. Tras su jubilación en  2002, decidió desempeñarse como “cuidador particular” por el apego que siente hacia el lugar.

“Yo he visto muchas cosas, cosas terribles, a lo largo de todos mis años de trabajo. Que roben en las tumbas, aquí es algo normal. Incluso ocurre con la misma frecuencia que antes”.

El administrador Daniel Hernández Molina opina lo contrario: “Hace alrededor de 12 o 13 años ocurrían bastantes profanaciones, las personas abrían los panteones, se llevaban las argollas, etc… ahora ha disminuido”.

Fotografías recientes desmienten este planteamiento.

Entre los principales bienes sustraídos figuran jardineras, flores, argollas, el mármol de las tapas, tapas enteras, osarios, incluso restos humanos.

“La pérdida de un ser querido es la experiencia más dolorosa que a mi entender puede vivir un ser humano, ¿imaginas entonces lo que pude sentir al pensar que los restos de mi esposo descansaban en paz y de pronto conocer que sus huesos fueron saboteados, que su cabeza desapareció, no saber dónde pueda estar ni qué uso puedan tener sus restos? Vivo convencida que jamás lo voy a encontrar, ahora sí lo perdí para siempre.”

Fueron las declaraciones de Alicia…  Al transcurrir el tiempo pertinente, se dirigió al cementerio a realizar la exhumación del cadáver de su esposo. Colocó los restos dentro del panteón en un osario de mármol,  bastante llamativo por su belleza y valor. Días después, Alicia recibió la noticia de que las argollas no se encontraban y la tapa estaba movida. Volvió al cementerio. Encontró un montón de huesos esparcidos en el suelo, faltaba el osario y también el cráneo de quien por treinta y cinco años fuera su compañero de vida.

Muchas familias matanceras viven esta dolorosa situación. Beatriz Sembrena, vecina de Alicia, testifica: “Mi pobre tía sufrió muchísimo y peleó durante bastante tiempo con todo el que pudo pero nada, al fin y al cabo la cabeza de mi tío no apareció, la tapa la dejaron rota y sin argollas y si no la hubiéramos arreglado nosotros, todavía estaría en las mismas condiciones.”

El acto de sustraer restos óseos, fundamentalmente el cráneo, responde a un ritual vinculado a la religión africana del Palo Monte. Conocida también como Mayombe, esta Regla fue el resultado inicial de la transculturación de los credos bantúes (provenientes del Congo) a la sociedad cubana.

Sus representantes son los llamados paleros, mayomberos o nganguleros. Tiene un sistema dogmático y litúrgico y un panteón de deidades de origen fundamentalmente bantú. Posee un sistema de creencias basado en la alianza entre la vida y la muerte. Sus practicantes realizan un pacto con una entidad denominada “nfumbe”, que pasa a trabajar para ellos, es entonces donde intervienen los huesos.

Cuando la persona adopta creencias determinadas, manifiesta una compulsión de fe, conseguir los medios para ejercerla resulta una obligación para el individuo. Por tanto no importan los límites a transgredir, tanto legales como morales.

No importa la causa, la sustracción de un cadáver destruye más que la tumba, hace trizas el alma de los que ya no tienen dónde ir a llorar.

El Código Penal vigente no prevé la profanación. Estas acciones quedan dentro de los delitos por “exhumación ilegal”, comprendidos en el Artículo 188. El mismo declara: «El que, sin cumplir las formalidades legales, realice o haga realizar una exhumación o traslado de un cadáver, o de restos humanos, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a 300 cuotas».

“Llevo 7 años trabajando aquí, y nunca hemos procesado un caso de exhumación ilegal, si se han dado, no los han denunciado” afirmó Ana Lilian Caballero Arango, Fiscal del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de Matanzas.

Muchas personas desconocen la importancia de denunciar o la vía legal para hacerlo. Algunos como la lógica indica se dirigen a la administración, la cual debe informar a las entidades capacitadas para proceder.

“Es mirar las cosas y decir que no se ven. No se quiere aceptar públicamente que esto está ocurriendo; tal vez para quitar connotación a los hechos.

Lo cierto es que no hay persecución por parte de la Ley, por tanto, el delito prospera en la impunidad”. (Ercilio Vento)

¿Será suficiente tal condena ante la “segunda muerte” de un ser querido, o el ultraje de su última morada?

“Sé bien que ellos no viven, que solo son huesos, pero se trata de mi familia, lo más valioso que recuerdo y tengo”.  El temor a que ocurran actos de este tipo invade a Carmita tras colgar el teléfono, sale inmediatamente en busca de una solución.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

16 de mayo, 2019. Va al cementerio en la mañana y constata que las jardineras todavía permanecen allí, pero la pared y la tapa del panteón quedaron destrozadas. Cuando llega a la oficina del administrador, él no está. Lo espera hasta las doce y no llega. En vistas de que no aparece, finalmente decide marcharse.

“A los días me dirigí a la Empresa Municipal de Servicios Comunales a plantear mi caso, hablé con el administrador del cementerio que casualmente estaba ahí y me ofreció disculpas, yo las acepté porque el rencor es muy feo, ¿sabe?

El administrador pidió que inmediatamente tramitaran una tapa para mi bóveda y para la de otra persona en la misma situación que yo, también presente. Eso fue a mediados de mayo, ya hace dos meses y todo está igual, no me han vuelto a llamar.”

Ante el dolor y la indignación, algunos como Carmita denuncian la situación, pero muchos no emiten quejas a las autoridades pertinentes porque consideran que su problema no obtendrá soluciones, sino justificaciones.

“La bóveda es propiedad de mi mamá, nos robaron las argollas como dos veces, pero lo más preocupante han sido las tapas de adentro donde se colocan los ataúdes”, relata el joven Reynaldo Rangel, víctima de hurto.

“Cuando las robaron por primera vez mi mamá se puso como loca y compró unas “nuevas”, que no resultaron “tan nuevas” porque estamos casi convencidos que fueron las mismas que se llevaron, pero no teníamos pruebas para acusar a nadie. ¿Qué íbamos a hacer, una denuncia? Al final no se resuelve nada.”

La administración muestra indiferencia ante la problemática latente:

“Nosotros no nos responsabilizamos con la profanación, yo al menos (Daniel Hernández Molina) no me responsabilizo con las más de 16 mil bóvedas que hay en este lugar.”

Sin embargo:

“La administración es la encargada de revelar todos los hechos, los reporte el familiar o no. Nosotros como fiscalía le exigimos que se cumplan todas las formalidades dispuestas para administrar un cementerio, pero si él no denuncia, no tenemos como operar en los casos. Además, es una falta de respeto que él plantee que no se responsabiliza por las bóvedas cuando cuidarlas es precisamente su contenido de trabajo. No caben las excusas” aseveró la fiscal del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de Matanzas, Ana Lilian Caballero Arango.

¿Entonces, quién le pone el cascabel al gato?

A esto se suman la pobre o casi nula vigilancia y ciertos “asuntos” constructivos que atentan contra la seguridad del camposanto.

“No hay custodio, es un lugar muy grande: dos caballerías y tres cuartos de tierra”, prosigue Daniel Hernández.

“De día están los chapeadores y constructores, pero después de las 4:00 pm no hay personal. Las puertas solo se cierran con alambres y aunque tuvieran candado, no se resuelve el problema porque carecemos de cerca perimetral. Tampoco hay iluminación”.

“Los custodios de aquí ganan aproximadamente 267 pesos, por proteger un cementerio oscuro, de 5:00 pm a 5:00 am, es imposible encontrar un velador que quiera trabajar aquí con esas condiciones y ese salario”.

Cuestiones como la del alumbrado y la cerca perimetral llevan años en espera, entre cambios de administraciones, presupuestos no concedidos o nunca solicitados.

Las saetas apuntan hacia la Dirección Municipal de Servicios Comunales. No obstante, la directiva vigente mantiene su atención en la Necrópolis de San Carlos.

“Entre las inversiones que se están realizando en el cementerio, ya tenemos los recursos para a partir de la segunda quincena de julio iniciar la reparación de un segmento del muro, que se cayó o lo tumbaron. Estamos también en búsqueda de los custodios, tenemos pensado poner iluminación al menos en la capilla central, no hemos podido debido a la extensión de la misma”.

Una realidad: El cementerio de San Carlos demanda mayor atención por parte de las instituciones gubernamentales del municipio. Las restauraciones acometidas con motivo del 325 aniversario de la urbe,  propiciaron que al fin se pensaran medidas ante el deterioro y la inseguridad de la necrópolis…

Se trata de una cuestión humana

Hace dos años el cementerio alberga reparaciones. Actualmente, brigadas de construcción ejecutan un plan financiado por el Gobierno Municipal, junto a Servicios Comunales. Los arreglos buscan frenar el acelerado deterioro mostrado por la institución y evitar así la pérdida de los  valores patrimoniales que ostenta. Esto indistintamente conllevará a la aplicación de las medidas de seguridad anteriormente mencionadas, tan necesarias para evitar que personas inescrupulosas dañen los enterramientos.

Las intervenciones comenzaron en el centro histórico, precisamente por su amplio valor cultural. Se emprendió la reparación capital del portón de acceso, el arreglo de la Capilla Central, la herrería y los mármoles en tumbas y estatuas (a cargo de la brigada santiaguera “Mármoles Fonseca”)…

Sin embargo, la tan clamada cerca perimetral no corrió con la misma suerte.

“El plan de inversiones es muy ambicioso y amplio. Se requiere un gran monto de dinero para realizar todo lo que se pretende. Lo primero que pensamos fue en la delimitación de la cerca. Aún no se ha ejecutado por problemas económicos, sí está proyectada”. Asevera el arquitecto Ramón Recondo, proyectista principal de las obras.

También consta en planes la iluminación. Aunque ya se garantizó el alumbrado del frontón, toda la red de luces no ha podido instalarse por los mismos motivos que la cerca.

Una acción sumamente importante dentro de las acometidas, figuró en la intervención de las catacumbas, víctimas frecuentes de la profanación.

“Quien profana no tiene en cuenta el valor artístico ni histórico de una tumba”, sentencia Mayra Hernández, Directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, Centro Provincial de Patrimonio en Matanzas.

Pero, ¿qué hacer por aquellos cuyo “nombre” no comprende la historia, y sus tumbas, comunes y simples, pasan inadvertidas entre los ornamentos de mármol de carrara?…

“En este momento nosotros no tenemos solicitud de continuar con el proyecto, después terminada la fase inicial”, responde Recondo. “No sabemos cuándo se retomará”.

El director municipal de Comunales asegura que: “el plan tiene una parte del presupuesto, nos encontramos en medio de la solicitud para el siguiente año, estamos trabajando ahora con lo que tenemos”.

Sin embargo, siguen profanando. Los esfuerzos realizados hasta la fecha para conservar esta joya del patrimonio matancero, resultan apenas visibles producto a la extensión de la misma.  La culminación del portón de entrada y la capilla, sumamente notables, pero la zona posterior…

El ultraje a los enterramientos provoca que desde hace décadas la construcción funeraria sufra modificaciones en San Carlos Borromeo. Esto contribuye con la perdida de aquellos valores patrimoniales que tanto pretendemos ponderar.

“Las sepulturas en Matanzas han devenido fortalezas. Se ha pasado de una construcción elegante y estética, a una construcción utilitaria dotada de medios de protección. Cuando analizamos la vista aérea del cementerio, podemos apreciar toda una parte correspondiente al siglo XIX e inicios del XX que se encuentra decentemente ordenada; otra de mediados del XX (hasta los 60), dispuesta razonablemente e incluso bella y la más actual, que está en un pleno y completo desastre. Hemos perdido la uniformidad de nuestro cementerio.” Comenta Ercilio Vento.

El asunto va más allá de reparaciones, de patrimonios y de cuidados. Se trata de una cuestión humana. La profanación es una costumbre abominable, repugnante e incivilizada, debería existir un respeto elemental hacia aquellos que partieron, el lugar lo impone. Misma consideración demandan por parte de las instituciones concernientes, incluida la actual administración.

15 de julio, 2019. Hace dos meses que la rama destrozó el panteón familiar de Carmita. Las lluvias arrecian y ella teme por los suyos. Aun ansía la llamada que comunique una solución a su problema. Le angustia saber que otros han perdido incluso más. Mañana volverá a la Dirección Municipal de Servicios Comunales y esta vez, no aceptará disculpas.

Por Melissa Blanco, Yilena Oramas y Norma Aguilera

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