La voz del tenor Esteban Taylor desaparece de las márgenes del río musical de la Atenas de Cuba. Desaparición física, mas no espiritual. Esteban nos regala retazos de sí en cada uno de sus pupilos y aspiraciones.
El paso hacia la eternidad le abrazó soñando quizás con ver el resplandor de las agrupaciones líricas matanceras, allí donde floreció antaño: en los escenarios de la Sala José White y el Teatro Sauto.
Murió el 25 de enero a las 10:00 de la noche en su retiro de Santovenia en La Habana. Le visitaron muchas veces sus amigos y estudiantes, quienes le rinden tributo y recuerdan como la grandeza arropada de sencillez.
Este cultor de voces abandona el escenario de la vida, mas perdura en las tablas yumurinas, traído por los cantos de artistas de toda la provincia. Las cenizas de este grande de la música descansan sobre el vaivén de las aguas de la bahía matancera y su arte nos llega con la briza de mar.
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