
Indistintamente se le aplica a los suelos el término ocioso, como si este entendiera de asueto, descanso o vacaciones. A simple vista no se percibe, pero en cualquier porción de tierra cohabitan miles de microorganismos, que en eterna faena enriquecen el sustrato. Solo el hombre practica el ocio, aún cuando la prioridad sea producir.
Por otra parte el marabú se ha convertido en el enemigo número uno a eliminar, cuando más bien es un guardián que protege y enriquece los suelos, como si conociera del inacción de los humanos. Contra ese ocio el país ha tomado medidas, y mediante el Decreto 259 busca brindarle a la tierra su verdadera función: producir alimentos.
En la provincia existen, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, más de 14 mil usufructuarios, pero un gran por ciento de las tierras dedicadas por a la ganadería continúan con altos niveles de marabú o con bajas producción.
PRODUCIR A BRAZO PARTIDO
Así, literalmente, le sucedió a Jorge Luis Alonso del Rosario, quien solicitó tierras en usufructo para el ganado. Hoy cuenta con 26 hectáreas y 70 animales, de ellos 15 en ordeño. Pese a la sequía acopia 86 litros. “Haciendo cuento no se tumba el marabú. Aquí había mucha maleza pero lo limpiamos a machete.
Se fracturó su mano derecha transportando agua para los animales, porque no posee pozo ni otra instalación para obtener el líquido. Justo por encima de su finca pasa la corriente eléctrica.
“Si me dieran la posibilidad de bajar la electricidad sería lo mejor que podría sucederme. Instalaríamos una turbinita y una moledora. Yo cargo el agua de mi casa, y cualquier animal de estos se bebe 80 o 100 litros diarios”, explica Alonso.
Pero no todos los productores le dan frente a la situación con el mismo ímpetu, y sin esperar por los recursos de antaño. Algunos se tornan morosos, y parafraseando un viejo refrán, campesino que se duerme, le invade el marabú.
Arnaldo Rosales Hernández también recibió tierras en usufructo. Posee casi igual número de vacas en ordeño que Jorge Luis, pero solo acopia 20 litros.
Él explica que “mis vaquitas son regulares. Estamos limpiando los terrenos pero a machete es difícil, un poquito hoy, otro mañana. Es cierto que aún quedan hectáreas invadidas. Hacemos carbón con el marabú, el batazo sería cortarlo y echar potrerón atrás, si no se pone más bravo.
Rosales y demás productores leyeron el Decreto y reconocen que no aparece estampada la entrega de recursos. Sobre la aplicación de potrerón a los potreros, reclamo de varios, estudios reconocen que se acumula, y mediante infiltración contaminan el suelo y las aguas subterráneas.
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