
La contribución territorial para el desarrollo local, conocida por muchos como “el uno por ciento”, constituye hoy una de las principales opciones para financiar proyectos de desarrollo en cada territorio. Sin embargo, en Matanzas aún no se genera, ni se prioriza con la eficacia necesaria este tipo de iniciativas.
Más de 37 000 000 de pesos fueron recaudados en Matanzas el pasado año como resultado de la contribución territorial para el desarrollo local, sin embargo, y muy al contrario de las proyecciones de la economía cubana, ningún proyecto recibió los beneficios de este aporte.
La totalidad de dichos ingresos terminó financiando la reparación de escuelas, parques, dependencias internas, caminos y otras tantas obras sociales que, si bien dan respuesta a numerosas insatisfacciones de la población, dejan mucho que decir si de proyecciones a largo plazo y estrategias financieras se refiere.
Lo cierto es que, a pesar de contar con 21 proyectos aprobados, las iniciativas municipales para el desarrollo local en Matanzas, resultan hoy una asignatura pendiente.
DESARROLLO LOCAL AL UNO POR CIENTO
Desarrollo local y contribución territorial no es lo mismo, pero van de la mano desde que la Ley 113 del Sistema Tributario previera que parte de lo recaudado por este concepto fuera a parar a los gobiernos locales, con el objetivo primario de potenciar el tan referido concepto.
Se trata de una contribución para el desarrollo sostenible de los municipios, que grava los ingresos por la comercialización de bienes o prestación de servicios que obtengan las empresas, sociedades mercantiles y cooperativas por sí mismas y por sus establecimientos en cada territorio. Sin embargo, no fue hasta 2015 que comenzó a implementarse.
«En un principio se hizo muy complicado utilizarlo porque la ley establecía que para ello debían cumplirse los ingresos cedidos y la mayor parte de nuestros municipios no cumplía con el requisito», explica Alina Vera Bouza, directora provincial de Finanzas y Precios.
También es conocido que por décadas las inversiones en Matanzas solo se destinaban al polo turístico y al plan de escuelas al campo en Jagüey Grande, lo cual atrasó otras esferas del territorio. En el 2016 se decidió, entonces, que se ejecutara el 50 por ciento de esa contribución.

A pesar de la descentralización, las nuevas posibilidades y el aumento progresivo de los ingresos, el desarrollo local se mantiene en un confuso estado de inercia.
El mecanismo de (in)acción funciona básicamente igual al interior de cada municipio: un banco de problemas sociales a resolver producto de las necesidades territoriales y una desprovista (o nula en muchos casos) cartera de proyectos que, de forma paradójica, terminan relegados al último lugar a la hora de decidir en qué invertir.
Pareciera igual de contradictorio que el ciento por ciento de los especialistas consultados coincide, sin dudas, en la necesidad de utilizar el uno por ciento para financiar o apoyar Proyectos de Desarrollo Local (PDL).
No obstante, las voluntades quedan muy por debajo de la realidad y la prueba son los más de 70 000 000 recaudados en los últimos dos años, donde solo el proyecto Maravillas de la Infancia recibió algún tipo de financiamiento.
Paralelo a ello, y amparado por la propia Ley del Presupuesto «se autoriza a los Consejos de la Administración Provincial (CAP) a captar hasta un 10 % de los recursos adicionales por esta contribución para financiar proyectos de interés social o provincial en otros municipios».
Pero estos ingresos, al igual que en los municipios, van a parar en su totalidad a obras sociales que, aun cuando benefician a la población, como es el caso de los hospitales, no reproducen ingresos, no crean nuevas fuentes de empleo y no generan desarrollo.
Así lo cree Lázaro Rodríguez Forte, presidente provincial de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores y de la comisión económica de la Asamblea Provincial del Poder Popular: «Hoy no estamos usando ese dinero en función del desarrollo económico, sino para solucionar problemas que debiera resolver el presupuesto».
Como él, Nixa Ortega Tellechea, subdirectora ramal de Economía y Planificación de la provincia apunta: «es cierto que se ha utilizado muy poco de ese dinero para invertir, en su mayoría se han priorizado obras sociales, en las que hay que volver y eso después no se revierte.
«Para mí hay un problema de poco entendimiento por parte de los gobiernos locales de que ese es el camino y no otro, y que resulta fundamental que la contribución se utilice en función de los PDL, que a la larga son los que van a generar ingresos para invertir después en nuevos proyectos, incluidas las obras sociales, reparaciones y mantenimientos. Eso sería lo ideal, pero no es la realidad de Matanzas hoy».
DESCONTROL VS RECURSOS
Mas, la cosa no es tan simple, pues a la par de las complejidades sobre invertir o no en los PDL, se encuentran los incrementos de actividades en sectores como la Educación, la Salud y otros, cuyos déficits de presupuestos pasan a ser cubiertos por el uno por ciento.
«Con respecto al déficit de presupuesto la ley lo ampara, pero no se trata de suplir irregularidades o ineficiencia en la gestión. Por ejemplo, en años anteriores se decidió asumir una serie de gastos de la Empresa de Servicios Comunales a partir del crecimiento que experimenta la cabecera provincial. Eso es una realidad, algo que sucede sin manera de preverlo, no un descontrol administrativo», destacó Mileydis Cortés Gonzáles, a cargo de Economía y Planificación en el municipio yumurino.
Igualmente ocurrió en Ciénaga de Zapata, región que recaudó los más bajos ingresos en la provincia en cuanto a la contribución territorial: «Lo hemos empleado, además, para suplir déficit de presupuesto de instituciones, es decir de los gastos corrientes y eso nos ha imposibilitado ofrecer mayor atención a los PDL», reconoció Marisol Alonso González, presidenta del Gobierno en esa localidad.
«Esa contribución también se planifica, por ejemplo, este año al no cumplirse con los planes de venta ni con el impuesto de las mismas no se cumplió tampoco con la recaudación de contribución territorial», explicó además Vera Bouza.
Por su parte, municipios como Jovellanos, Los Arabos y Calimete continúan atrasados en ese sentido, y contrario a la Ciénaga, con cifras millonarias en sus cuentas. En otras palabras, de contribución territorial para el desarrollo local solo tiene el nombre.
PENSAR EL DESARROLLO
La otra cara de la moneda resulta el destino de la inversión, pues si bien no se emplea la contribución territorial en función de los proyectos, el problema mayor estriba en la escasez de propuestas e iniciativas que desde lo local impulsen la economía. Fue concluyente Ortega Tellechea: «Hoy no existen carteras de propuestas en los municipios».
La realidad preocupa y deja de lado amplias posibilidades que incluyen otras formas de financiamiento como créditos bancarios o el propio presupuesto. Para este 2019 solamente siete iniciativas fueron presentadas, relacionadas fundamentalmente con la producción de alimentos, materiales de la construcción y los servicios. No obstante todavía restan muchos organismos que bien pudieran beneficiarse.
¿Qué sucede entonces? ¿Es que no existen en Matanzas, organismos, especialistas o instituciones capaces de generar propuestas?
«Un proyecto es un pequeño negocio dentro de una institución. Hay que verlo así, y si no se hace un estudio de mercado, de factibilidad, no se llega a concretar. Otras veces se complejiza el equipamiento necesario o los recursos que demanda un proyecto.
«Por otra parte, los que hoy estamos recibiendo no tienen el rigor requerido ni las estrategias para su puesta en marcha y funcionamiento. Con ello sucede que cuando los devolvemos al municipio para mejorarlos, tardan en concretar esos elementos y en otras ocasiones desisten. Entonces, ¿de qué desarrollo local estamos hablando?», se pregunta Ortega Tellechea.
«Un buen destino serían las minindustrias locales como una opción para el aprovechamiento de las producciones territoriales. Aquí se han echado a perder grandes cantidades de frutabomba, mango, tomate, por muchas razones, y esta pudiera ser una buena opción», plantea Rodríguez Forte.
Esto es fundamental de la manera en que se viene proyectando la economía cubana desde hace algunos años y justamente con las nuevas funciones que desempeñarán los municipios a partir de la aprobación de la nueva Constitución.
«Los PDL son endógenos, es decir, son para desarrollar o resolver problemas en una localidad. Yo creo que falta acostumbrarse a esta nueva visión de la economía, desprendernos de esa rutina a la que nos acostumbramos, donde todo llegara desde el nivel central, esto es autogestión. Sencillamente, hay que buscar gente que sea capaz de entenderlo», agrega Ortega Tellechea.
Sin duda alguna, se hace evidente la necesidad de promover de manera intencionada este tipo de iniciativas y la participación de especialistas, a fin de que aporten proyectos capaces de empujar, a pesar del fatalismo geográfico que muchos alegan, la economía matancera.
Por lo pronto, el panorama en el municipio Matanzas en 2019 alberga esperanzas, pero mantiene las mismas líneas de prioridad de años anteriores, al decir de su directora económica: «El tema de las escuelas, los viales, y los mantenimientos siguen siendo prioritarios. Tenemos que además, lograr reanimar el sector del Comercio, la Gastronomía y los Servicios, para después crear proyectos generadores por sí mismos de más ingresos».
Y yo me sigo cuestionando, ¿la fórmula no funcionaría mejor al revés?. (, Tomado de Gironnoticias.wordpress.com)
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