Domingo , 20 octubre 2019
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Polémica: Transporte urbano en Matanzas; déficit, ansiedades y posibilidades

El transporte urbano de pasajeros en la ciudad de Matanzas es insuficiente en cualquier horario -sobre todo en el llamado “pico”- para satisfacer la creciente demanda por parte de una población local que crece por el flujo migratorio interno en la provincia homónima, además del procedente de otros sitios del país, y también por los visitantes de ocasión, ya sean turistas foráneos o nacionales.

El parque de ómnibus, reforzado con las pequeñas guaguas Diana, no alcanza  para dar la cantidad de viajes en las rutas establecidas, de manera de que los pasajeros no tengan que esperar demasiado tiempo en las paradas, lo que sin dudas es causa de ansiedades en  las personas que en ocasiones tienen que aguardar hasta más de una hora por el transporte colectivo.

En Matanzas, como en toda Cuba, los ómnibus cobran una cantidad módica por la transportación de pasajeros, en relación con otros servicios,  en especial los que ofrecen los particulares.

Por veinte, cuarta centavos de CUP (peso nacional), o un CUP, las rutas habituales, las Dianas y las llamadas Transmetro, respectivamente, movilizan a los usuarios de un sitio a otro en urbe de especial trazado urbano, obligado por los ríos que la atraviesan.

También están los cocotaxis, motocicletas habilitas con espacio para transportar a seis personas, que cobran una tarifa por tramos, un poco más económica si la comparamos con lo que exigen los taxistas ruteros privados, quienes  en un recorrido desde Peñas Alta –salida de la ciudad por el este- hasta el Preuniversitario (centro de la urbe), de unos pocos kilómetros piden 10 cup alrededor de 30 centavos CUC (cada CUC– igual al dólar, aproximadamente), independientemente del sitio donde el pasajero pida quedarse. 

100 y 125 pesos de transporte para ir al hospital…

Y están los otros, los que cobran por la “oferta y demanda”, es decir, por la tarifa que ellos, los dueños de los taxis, exijan. Desde la barriada de la  Playa hasta el hospital provincial clínico quirúrgico Faustino Pérez, a las afueras de El Naranjal, piden entre 4 y 5 CUC(100 ó 125 pesos), obligados a pagar por quienes sufren alguna dolencia, o deben llegar puntualmente al hospital para asistir a una consulta médica o cuidar un enfermo ingresado, situaciones que  urgen acceder al transporte sin poder esperar  la ansiada guagua más económica. Es una situación que, además de ansiedad, plantea imposibilidad para quienes –muchos-, no disponen de ese dinero.

 Declaraciones y alternativas

En Matanzas hace tiempo No se observa el accionar de los empleados  que gestionaban en las paradas para que  autos y otros vehículos estatales, que circulaban vacíos, por un precio módico llevaran a pasajeros  en su ruta. A través de esta posibilidad se movían diariamente millares de personas.

En recientes declaraciones al colega Roberto Jesús Hernández, de la ACN, el delegado de transporte en Matanzas, Jeovel Quintero Hernández, reconoció que “responder a la alta demanda de pasajeros en el horario pico de traslado constituye actualmente desafío para el transporte público en la cubana provincia de Matanzas”.

También el funcionario dijo: “Vehículos destinados al movimiento de trabajadores en organismos y empresas estatales también se suman al traslado de personal, mientras Transmetro, Transtur y Gaviota apoyan en el retorno desde La Habana y el resto de los municipios del territorio”.

Sabemos que esa es la política orientada. Sin embargo, cuando se está en una parada de ómnibus, esperando infructuosamente, y se ven transitar  vacíos a esos ómnibus destinados a transportar a trabajadores  de organismos en horarios establecidos, surge la duda: ¿por qué no contribuyen con mayor frecuencia a aliviar el transporte interno en la ciudad para beneficio de trabajadores y estudiantes de diversas entidades, que no cuentan con esa transportación especial?  ¿Quién se encarga de verificar que esa solidaridad sea eficaz y no quede al albedrío del chofer?

“Un grupo de inspectores de la Dirección Provincial de Transporte trabaja en puntos de conflicto para velar por el cumplimiento de las paradas establecidas, pero el verdadero impulso al transporte depende de la disciplina de choferes, desde el taxista hasta el guagüero”, recalcó el directivo, en las citadas declaraciones a la ACN.

Indisciplinas y otras consideraciones

 Preguntados por este redactor a potenciales pasajeros que esperan desde hace mucho rato en algunas paradas, estos coincidieron en declarar que la disciplina de los choferes aludidos deja bastante que desear en numerosas ocasiones en las que no paran, o lo hacen fuera del sitio establecido, con el evidente propósito de no cargar más pasajeros, y estimaron que las acciones de control de  los aludidos inspectores  no suelen observarse en el diario acontecer.

El delegado reconoció  a la ACN  que aún se debe trabajar en la conciencia de los boteros, muchos de ellos con tarifas que exceden los precios topes establecidos en el acuerdo No. 548 del 2016, aprobado por el Consejo de la Administración Provincial (CAP).

Lo evidente en el asfalto y en las aceras es que esa conciencia necesita encausarse a través de acciones prácticas, como son las inspecciones y las sanciones a los infractores, y que se divulguen los resultados para conocimiento de quienes ignoran sus obligaciones legales y morales.

Concordamos en que “No se debe abusar del pueblo, próximamente comenzará la etapa veraniega y el movimiento de personas crecerá, pero el país mantiene la máxima de afectar lo menos posible a la población en una coyuntura económica compleja”, como refiere Quintero Hernández a la ACN.

Los referidos deseos son obviamente compartidos por todos. Pero no basta soñar con lo posible. El abuso de los abusadores  necesita  bridas que lo contengan y acciones que permitan posibilidades reales de mejorar la transportación con el parque vehicular disponible, y disminuir las ansiedades de quienes esperan en una parada, precisamente en una coyuntura económica compleja.

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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