Sábado , 23 marzo 2019
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Quien escribe estas líneas sobrevivió a un accidente de tránsito. Y no lo confieso con orgullo, sino con una tristeza que sobrecoge mientras ahuyento los múltiples escalofríos que recorren mi espalda. Al redactar, mis dedos palpan, instintivamente, la cicatriz que como cruel recordatorio desluce mi cráneo a la altura de una mis orejas.

Quien firma este comentario habla con conocimiento de causa. Un accidente de tránsito puede ser una de las peores experiencias que pueda padecer una persona. Y no solo por la adrenalina que te inunda, y los millones de pensamientos por segundo, ni vislumbrar el fin de tantas cosas, proyectos o metas. Lo más terrible no se halla, ni siquiera, en el recuerdo de tantos dolores e imágenes perturbadoras.

Lo más aterrador resulta cuando constatas que estás vivo, pero no sabes aún en qué condiciones. Sientes que respiras, pero no tienes ni remota idea que es el profundo dolor el que no te deja sentir las piernas, e imaginas, siempre, lo peor. Al final, tras constatar que esquivas la muerte, agradeces al ángel de guardia y suspiras.

Pero no escapas a los temores, a las pesadillas, a los lacerantes recuerdos que regresan cuando aprietas los dientes dentro de un vehículo que excede, otra vez, la velocidad; y piensas, de nuevo, en aquellos que no corrieron con tu suerte y en lo absurdo de que una persona tenga la vida de tantas otras en sus manos.

Los accidentes viales provocan 1 350 000 muertes al año y ya son la primera causa de muerte entre los cinco y los 29 años, de acuerdo con datos publicados en un informe de la Organización Mundial de la Salud el pasado mes de diciembre. El comunicado señala, además, que los más vulnerables en estos siniestros resultan los conductores y pasajeros de motos. El texto abunda en que la tasa de mortalidad es tres veces más alta en los países de bajos ingresos. En África, por ejemplo, es de 26,6 cada 100 000 habitantes, mientras en Europa es de 9,9.

En Cuba, mientras tanto, los accidentes masivos resultan en estos momentos la quinta causa de muerte. Durante los primeros cinco meses del 2018 ocurrieron 1 670 accidentes, números que al cierre del año se dispararon de manera alarmante por toda la mayor de las Antillas, que acumula más de 4 400 muertes por estos motivos desde 2012, según cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadística e Información.

Al respecto, aún hoy permanecemos atentos a la evolución de Cinesio González Díaz, el chófer del ómnibus Transtur que colisionó la última semana con un tren que cubría la ruta Bayamo-Guamo, dejando un saldo de 11 lesionados y al matancero en estado de gravedad. Cinesio tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para reparar múltiples fracturas que sufrió en los miembros inferiores y no obstante a su condición, el criterio médico auguraba la vida.

No obstante, el ejemplo personal y el caso del chofer de 65 años son una pequeña gota en un océano de calamidades. Este reportero constata a diario las indisciplinas que se cometen sobre el asfalto en la Atenas de Cuba. Autos desvencijados por el uso y el tiempo apostando a resistir un día más. Avenidas y callejones inundados con desenfrenadas carreras de motos, taxis y guaguas. Ciclistas, carretilleros y peatones ocupando espacios inadecuados en la vía, o trasladándose en sentido contrario. Constantes violaciones de leyes y señalizaciones.

Hay que darle valor a la vida. Necesitamos establecer prioridades, que nunca serán más perentorias que la sonrisa de un niño o la felicidad de una familia. No es tan malo perder un segundo, si esa pérdida conlleva salvar algo más grande.

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Acerca de Gabriel Torres Rodríguez

Periodista. Especialista en Marketing Digital y editor web de la Editora Girón

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