El aprendizaje y el ejercicio de cualquier profesión técnica demanda por parte de estudiantes y futuros operarios y empleados, la necesidad de estudiar para adquirir conocimientos y habilidades de la especialidad u oficio que corresponda, y también aprender a usar los elementos básicos de los costos, la formación de precios y la comercialización.
Es una exigencia integral, que rara vez se observa en educandos y en graduados, pero que se corresponde con la realidad del mercado estatal y también con el creciente ejercicio del trabajo por cuenta propia.
Lamentablemente, cuando se interroga a técnicos, obreros y dependientes del comercio acerca de las propiedades y atributos de los artículos que elaboran o comercializan, en raras ocasiones se obtienen respuestas que evidencien un conocimiento adecuado por parte del entrevistado, a pesar de que la capacitación le permitiría ejercer la responsabilidad que desempeñan en su centro de trabajo con superior eficacia y eficiencia, y adecuada atención al cliente.
Esto suele apreciarse con mayor claridad en establecimientos de diferentes cadenas comerciales o entidades de servicios, cuando el comprador que desea adquirir determinado electrodoméstico, componente electrónico, pieza de repuesto u otra mercancía de compleja elaboración, indaga ante el dependiente sobre las propiedades y el funcionamiento de los bienes y servicios en ofertas, y se sorprende ante el declarado desconocimiento por parte de quien debiera asesorarlo, instruirlo y en suma ayudarlo a realizar sus compras.
“Lo que usted quiere saber está explicado en un librito adjunto… Bueno aunque está en chino y en inglés con un diccionario puede comprenderlo… Estos televisores entraron hace poco y no nos han explicado todavía… ¿Las ollas?, bueno, son a presión y eléctricas, ¡salen más buenas!… ¿Poliéster o algodón? Yo creo que de las dos… Esta mercancía entró hace poco… “
Son algunas variantes de respuestas evasivas que denotan desconocimiento y falta de entrenamiento por parte del vendedor y del técnico… sin técnica.
Aunque los trabajadores por cuenta propia suelen ser más “despiertos” e inventan en el aire cualquier explicación de manera de convencer al potencial comprador de que su mercancía es lo último y de mejor calidad, algunos suelen pecar de facilismo en la organización de sus negocios en los que aspiran a obtener ganancias superlativas con el menor esfuerzo.
Sin embargo, sorprende saber que son pocos los trabajadores por cuenta propia que llevan contabilidad. Tampoco registran debidamente todos los gastos y no son capaces de preservar el capital que necesitan para el transporte, reponer mercancías, materiales y materias primas porque en la práctica no diferencian ventas de ganancias, echan todo el dinero en la misma bolsa y en ocasiones ellos mismos son sorprendidos al quebrar porque “se comieron todos los ingresos”.
Otros, por el contrario, pretenden duplicar y triplicar los precios de venta de las mercancías en relación con los costos de sus elaboraciones y de las adquisiciones que en ocasiones realizan a otros cuentapropistas y en establecimientos estatales, aprovechando rebajas en estos últimos para después revender los productos en coyunturas de alta demanda.
En cualquier caso es obvio que los conocimientos técnicos y de economía conforman un binomio inseparable en la formación de técnicos y operarios calificados, incluidos dependientes del comercio y también trabajadores por cuenta propia e inspectores integrales, necesitados estos últimos de dotarse de las herramientas básicas y el entrenamiento preciso para el mejor desempeño de sus labores.
Salta a la vista: técnica y economía integran un binomio inseparable en cualquier tipo de actividad productiva, de servicios y comercial, estatal o “por cuenta propia”. Y lógicamente también en la supervisión y el control de la legalidad, de manera que nadie se desvele…
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