Domingo , 24 noviembre 2019
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Un puente de hierro con 140 años de historia

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Varias generaciones han transitado sobre el puente  de hierro  que salva el río Yumurí, en la ciudad de Matanzas, desde que el cuatro de noviembre de 1878 fue inaugurado con el nombre de La Concordia, el cual  acaba de cumplir 140 años.

  Todavía  era época de  dominación colonial española en Cuba cuando los habitantes de Matanzas se regocijaban con el nuevo camino sobre las aguas del pintoresco río, justamente en el sitio donde se entrega manso a la bahía de aguas profundas.

  Nadie imaginaba entonces que las columnas clásicas de aquella obra de ingeniería devendrían emblema de la urbe, localizada 100 kilómetros al este de La Habana, la capital del país.
El regidor síndico suplente Carlos Ortiz Coffigny sugirió la denominación del puente porque su edificación  había comenzado precisamente durante la Guerra Grande de los 10 años por la independencia, y la firma del Pacto del Zanjón, en 1878, marcaba tregua entre  tropas insurrectas y  españolas.

  Especialistas consideran a esta estructura como la primera de hierro  en la nación, a partir del testimonio que en 1872 ofreció Celestino del Pandal, arquitecto de la ciudad, cuando se excusó por demoras en los diseños, alegando que no había hallado en toda la Isla un puente de hierro con antecedentes de modelo de comparación que le permitiera realizar sus cálculos.

Luego de instaurada la pseudorrepública, en 1902, el puente fue rebautizado con el nombre actual de General Lacret Morlot, en honor al incansable luchador de las gestas libertarias frente al dominio colonial, ayudante del mayor general Antonio Maceo y junto a este participante de la Protesta de Baraguá, que condenó la Paz del Zanjón.
Las estructuras metálicas del puente fueron fabricadas en Nueva York. Sus arcos de hierro, de 36 metros de luz, están apoyados en estribos cerrados de cantería y, según ha hecho notar el arquitecto Ramón Cotarelo, su diseño, aunque en menor dimensión, recuerda el puente de Triana, en Sevilla, ejecutado según el proyecto del célebre Gustavo Eiffel.
Seis décadas  atrás, el historiador José Antonio Treserra distinguió la belleza de las cuatro columnas del puente que une a las barriadas de Versalles y Matanzas, y vaticinó que llegarían a simbolizar la ciudad, tal y como sucede actualmente.

 Artísticas réplicas  de las columnas, a  escala artesanal, son obsequiadas   a personalidades sobresalientes cuando se desea distinguir a su contribución al desarrollo del territorio matancero.

  Treserra hacia notar que “… en los fustes de las cuatro columnas monumentales que coronan los estribos de la recia sillería, encuentran expresión, hábilmente combinados, los órdenes clásicos de las arquitecturas griega y romana, mientras en los capiteles campea la feliz creación del arquitecto…”

  Matanzas, conocida entre otros apelativos como Ciudad de los Puentes, cuenta con varios de ellos que salvan los cuatro ríos que la atraviesan: San Juan, Yumurí, Canímar y Buey Vaca.
Para los amantes del paisaje, el pequeño y funcional Puente de Versalles, como también nombran al emblemático de la capital matancera, es un perfecto balcón abierto a la naturaleza.

   Desde la cúspide de esta elevación funcional se aprecia hacia el oeste los matices de una aldea de pescadores que parece dormitar en el tiempo sobre el río más romántico de Cuba, atendiendo a una primitiva leyenda que le da nombre, y hacia el este, desemboca la corriente fluvial a la ancha bahía, donde gigantescos mercantes reposan casi al alcance de las manos.

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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