
Expertos anotan una fecha: 2008, año que marcó una tendencia progresiva a escala mundial en la llamada “Nutricosmética”, neologismo que pretende definir qué comer para parecer más joven.
Se trata de ingerir complementos vitamínicos y proteicos a través de súper batidos y zumos (jugos) de hortalizas, compuestos químicos comercializados como la panacea de la eterna juventud y otras mezclas de súper energéticos y prácticas basadas en el empirismo y creencias carentes de fundamentos verdaderamente científicos, que de manera creciente son cuestionados por médicos, nutricionistas y otros expertos académicos.
De acuerdo con estadísticas publicitadas sobre gustos alimentarios y efectos de la publicidad comercialmente interesada en vender, la práctica de la “Nutricosmética” continuará extendiéndose y dentro de cuatro años será una industria capaz de facturar más de siete mil millones de dólares en el mundo.
Quienes acuden a la memoria y a los libros de historia, atribuyen al célebre poeta Lord Byron, sexto barón de Byron (Londres, 22 de enero de 1788-Mesolongi, Grecia, 19 de abril de 1824), la iniciativa de presumir de delgadez acudiendo a cuanto sacrificio gastronómico le permitiera lucir una imagen que a su juicio reflejara permanente juventud.
Según cuentan, el bardo era amante del té sin azúcar y papas mojadas en vinagre, agua mineral mezclada con vino y cigarrillos. En la sociedad victoriana donde desarrolló su arte y su especial gastronomía, tuvo numerosos seguidores, al punto de que autoridades médicas se vieron en la obligación de negar todos aquellos hábitos como síntomas de eterna juventud.
La historia literaria nos refiere que Byron fue considerado uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo. Se involucró en revoluciones en Italia y en Grecia. Allí, un día yendo a caballo bajo la lluvia, se resfrió y los médicos, para su curación, le pusieron dos sanguijuelas en la sien para remediar la fiebre. Viendo que no funcionaba, le colocaron más sanguijuelas alrededor de todo el cuerpo. Así perdió dos litros de sangre y murió en menos de veinticuatro horas.
Como vemos, el exceso mata.
Al parece sucede hoy lo mismo con voceros de la ficticia nutrición y prácticas rejuvenecedoras, aunque es innegable que se trata de una industria altamente rentable en las sociedades de mercado capitalista, donde la obtención de ganancias es ley suprema.
Para citar solo un ejemplo autorizado sobre este tema, tomamos palabras de Leandro Martínez, director de la Unidad de Dermatología del Hospital Regional de Málaga y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), quien afirma que unas malas pautas alimentarias “pueden estar detrás de enfermedades dermatológicas como la dermatitis atópica, la psoriasis o el acné”. No solo es cuestión de prevención, quitarse los procesados y volver a la comida real puede borrar los signos del paso del tiempo.
Por supuesto, no solo se trata de estética, sino fundamentalmente de salud a cualquier edad, y en la tercera, ya sea al inicio de los sesenta o en la avanzada, la moderación y las prácticas basadas verdaderamente en las recomendaciones de facultativos son las más aconsejables.
Nutrición real: ¿Qué comer para estar saludable?
Variados alimentos naturales, cuyas propiedades evitan desgastes del organismo, retardan el envejecimiento, resuelven malestares funcionales y ahorran dinero, forman parte de la medicina preventiva para reforzar las defensas inmunológicas y evitar enfermedades.
Conoce la ciencia beneficios de sustancias químicas activas contenidas en frutas, hortalizas y otros vegetales, y muchos otros alimentos, los que las transnacionales suelen sintetizar para lucrar.
Por ejemplo, el ajo ayuda a combatir hongos, bacterias, parásitos y virus, aumenta las secreciones bronquiales, estimula las mucosas gastrointestinales, es diurético y antinflamatorio, controla el colesterol malo y contribuye a prevenir y aliviar el dolor de las piernas al caminar, causado por la arteriosclerosis.
Expertos han identificado y nombrado Alisina a una sustancia activa en el ajo, y afirman que el frecuente consumo de esta planta liliácea aumenta el diámetro de los pequeños vasos sanguíneos, lo que hace que la sangre fluya con mayor facilidad y disminuya la presión.
Las frutas frescas tienden a poseer un contenido bajo en energía, y constituyen principal fuente fibra vegetal, vitaminas –en especial C y A–, y son ricas en pigmentos antioxidantes, que protegen de dolencias degenerativas, como el cáncer, infartos e hipertensión.
También coinciden los especialistas en que casi todos los pescados son ricos en vitamina B12, vital para el sistema nervioso, y en yodo, esencial para la glándula tiroides.
El pescado blanco es buena fuente de proteínas bajas en grasas y en calorías, y de vitaminas y minerales. El azul, contiene calcio y proporciona ácidos grasos polisaturados Omega-3, que ayudan a prevenir la cardiopatía coronaria, infartos, apoplejías, y algunos tipos de cáncer.
Las verduras aportan fibras, vitamina y minerales, contribuyen a proteger las membranas celulares de los daños que causa la oxidación, originando las mayores dolencias y del envejecimiento precoz.
No se deje embaucar. La naturaleza le brinda en forma fresca y directa mucho más que los embotellados y etiquetados.
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