Jueves , 21 noviembre 2019
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Economía doméstica: Ahorro, fuente esencial de ingresos

El ABC de la buena administración nos enseña que el ahorro puede ser fuente esencial de ingresos, por ende de una economía doméstica sana, sin privarnos de cubrir necesidades esenciales, al tiempo que nos permite acumular recursos para el disfrute de vacaciones o la satisfacción de necesidades que puedan surgir en un futuro mediato y  no fueron previstas en el presupuesto familiar del año. 

Acabo de citar la clave que sirve de base para los propósitos enunciados: el presupuesto familiar del año,  práctica que algunos desdeñan porque los obliga a sacar cuentas y anticiparse a lo que sucederá en los venideros 12 meses, a partir del momento en que se decida a organizarse. Sin embargo, la prevención es la profilaxis de la administración empresarial y doméstica, por ende, confeccionar el presupuesto familiar significa adelantarse al devenir, arreglar las finanzas y no dejarnos sorprender.

Ingresos fijos cada mes, provenientes de las fuentes que sean: salarios, ventas, intereses bancarios, cobros pendientes, menos gastos probables en el mismo período: rentas, combustibles, teléfono, electricidad, transporte, alimentación, vestuario, mantenimientos, etc., nos  arrojará un saldo probable, el cual nunca debe terminar en faltante, y si así fuere, habría que hacer las correcciones pertinentes en el capítulo de gastos para que la resultante sea favorable, de lo contrario estaríamos abriendo la puerta de la inseguridad que conduciría  a depresiones, dolores de cabezas y   ansiedades por no poder cubrir los gastos del mes.

La resultante de esta reflexión es clara: no se puede planificar gastos por encima de ingresos probables para mantener la sanidad financiera y la tranquilidad mental.

¿Cómo se consigue ese balance feliz entre lo que se gastará y lo que se ingresará? Existen ciertas reglas básicas para lograrlo. En primer lugar hay que identificar con claridad las necesidades esenciales de vida, y conferirles prioridad absoluta. Estas pueden ser: alimentación balanceada, renta de la vivienda, pago de impuestos, gastos de electricidad y de telefonía ajustados a lo posible.

Me detengo aquí: lo posible no es lo que se deje al azar, sino o que se controle con racionalidad. Ante tarifas progresivas de pago que desestimulan el consumo, como sucede en Cuba con  la energía eléctrica, al igual que con la comunicación telefónica y la conectividad vía internet, se necesita ser precavido para no rebasar las barreras que disparan el gasto y ajustarnos a cantidades permisible por nuestra disponibilidad monetaria para el período, porque el derroche de energía eléctrica y las llamadas tipo “gatillo alegre”, al igual que la navegación en línea a vela suelta pueden conducir a un desbalance sustancial si no llevamos el control debido.

Reflexionar sobre lo verdaderamente necesario y placentero y desechar lo que signifique derroche puede marcar la diferencia entre saldos rojos y positivos.

Lo anterior  nos lleva a otra reflexión: descubrir cual es el origen de lo que solemos considerar necesidades inaplazables en el gasto. Verá cuan sorprendido quedará si medita serenamente. Llegará a comprender que muchas de las erogaciones que hemos considerado como  imprescindibles en realidad son de carácter suntuario y en demasiadas ocasiones corresponden a imitaciones de lo que otros compran y gastan sin vínculo real con necesidades propias.

Sucede cuando la vecina le muestra un sobrecama de lujo que adquirió “en oferta”, despierta su curiosidad y de inmediato la “necesidad” de poseer otra igual. Sin reflexionar usted se lanza  a la tienda y adquiere aquel bello bulto de tela que irá a parar al fondo de un closet después de que  se lo haya mostrado a otras amigas y parientes y haya satisfecho aquella ansiedad de poseer. Quizás entonces se percate de que no era tan imprescindible, pero ya habrá hecho un agujero profundo en su presupuesto del mes…

Obviamente es  importante pensar antes de actuar impulsivamente, especialmente cuando de compras  se trata. Medite: si desea economizar para sus próximas vacaciones, tiene que ser capaz de quitarse de encima los gastos innecesarios del día a día.

Salir a comer a un restaurant de servicio exquisito puede ser una necesidad emocional o propia de un aniversario. Depende de su presupuesto. Si ese gasto no aparece previsto en el mes, saque cuenta de lo que le costaría en ese establecimiento foráneo y lo que gastaría confeccionando el mismo menú en su propia casa. Cuando lo haga seguramente notará la diferencia y se asombrará, al tiempo que puede considerar el disfrute extra de cocinar en familia, y si le preocupa fregar los platos, siempre queda el viejo recurso de solicitar ayuda a los comensales, mientras escuchan sus melodías preferidas sin necesidad de guardar la etiqueta social de compartir un comedor público, porque en fin de cuentas eso y no otra cosa es el “diner” de un restaurante de cualquier categoría…

Finalmente le ofrezco una sugerencia complementaria, pero  no  menos importante: Ya tiene su presupuesto del mes, después de las consideraciones entre gastos previstos e ingresos fijos. Ahora, aparte una cantidad monetaria discreta y considérela un ahorro potencial como meta a conseguir. Es una práctica muy saludable para que engrose la partida que potencialmente satisfará sus necesidades en tiempos de vacaciones, y si usted es un jubilado que no tiene vacaciones, vaya pensando en abrir un espacio necesario para darse esa satisfacción personal y alegrar a su pareja. Recuerde con una sonrisa que si “la cultura no tiene momento fijo”, el ahorro sí y puede ser fuente esencial de ingresos y ansiolítico  que no provoca gastritis

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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