Todavía estoy confundida y no asimilo la noticia. Han pasado algunas horas del deceso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y aún no lo creo. Aunque nunca compartí directamente con él, ser periodista conllevó conocer más su historia, la humanidad que se esconde detrás de ese respeto que impone su nombre.
Aquel hombre de barba larga y que fumó tabaco, el de pueblo, ese pueblo por el que luchó incansablemente, y que por asares de la vida un 25 de noviembre, día en que comenzó su rumbo el Yate Granma, dejó de estar con nosotros.
El cielo llora su partida físicamente, pero sabemos que está con nosotros en todo momento, acompañando este proceso revolucionario por el que luchó indetenidamente.
Su vida, su forma de pensar y de guiar a los cubanos, constituyen ejes esenciales de la política que practicó.
A sus noventa años de edad, Fidel no está con nosotros pero su pensamiento y conceptualización perdurarán infinitamente en la sociedad cubana. El cielo está gris y llora por Fidel.
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