Jueves , 2 abril 2020
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El mismo Juego y muchos Tronos

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En Cuba sabes que alguien te quiere de verdad cuando te pone en las manos la memoria con el nuevo capítulo de Juego de Tronos, como pan caliente, acabadito de sacar del horno.

Cuando eso pasa tu día se ilumina, la boca se hace agua, el cerebro rechaza todo lo demás y solo falta escuchar el “táaaaaaaann taaaan tatatáaaaaaann taaan tatatáaaaan” del tema principal que ameniza el intro de la serie para quedar en trance.

“Hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay”, escribió Michael Ende en La Historia Interminable, y la frase no le queda grande a nuestra relación con los contenidos audiovisuales, cada vez más estrecha.

Una política que aprovecha el gancho de la serie para hacer campaña conquistando el voto joven, el dueño de uno de los negocios más monstruosos del planeta que aplaza la firma de un contrato millonario para ver el capítulo de estreno con sus amigos, un ídolo del fútbol mundial que presume en redes sociales de sus nuevas zapatillas temáticas inspiradas en el fenómeno televisivo del momento…todo eso y mucho más forma parte de la locura en que se ha convertido Juego de Tronos.

La serie que comenzó a enamorarnos -aunque algunos nos tomamos nuestro tiempo para abrirle los brazos- aquel abril de 2011 llegará pronto a su fin, porque todo lo que empieza en su momento acaba.

Lo más seguro es que el desenlace dividirá a su legión de fans como un cuchillo caliente a una barra de mantequilla.

No hay términos medios con Juego de Tronos, o te encanta o la detestas, porque es difícil que te guste solo un poco.

Un mundo recreado al detalle en el que nadie –absolutamente nadie- parece estar a salvo de los demás, una maraña de broncas por el poder o la sobrevivencia donde se hace difícil distinguir a héroes de villanos…acaso el show de la cadena HBO basado en la saga literaria de George R. R. Martin nos atrapa por ser un reflejo de nuestra propia realidad, pero con dragones.

Para colmo detrás de todo el enredillo de las tramas de la historia, de la violencia, la traición y el sexo, del tono épico, de los innumerables personajes y locaciones, aparece como un fantasma la amenaza del “cambio climático”.

Records de premios, de dinero entrante y saliente, de realización televisiva sin deberle nada al cine, de audiencia y alocadas reacciones en casi todo el mundo, entre otras cosas, forman parte del halo místico que rodea a la adaptación televisiva de la aún incompleta saga literaria Canción de Hielo y Fuego.

Ojeras por trasnochar para ver un capítulo más aunque debes levantarte bien temprano en la mañana, el alma dividida entre  los libros y la serie de TV, corazones rotos por la muerte de aquel personaje favorito, y nervios de punta por la expectación forman parte de lo que distingue a los fans, los de verdad, quienes han elevado a Juego de Tronos al Olimpo de la cultura popular.

“Cada vez hay más bebés con nombres de Juego de Tronos en Inglaterra” proclama un titular en Internet, aunque el boom de nombrar a los recién nacidos como los caracteres más entrañables llega a todas partes, traspasa todos los idiomas, y muchos años después de este 2019 todavía habrá personas que se llamen Arya, Sansa, Daenerys, Eddard, Khaleesi, Tyrion…

Hay una camaradería, una complicidad de lo más sabrosa entre los fanáticos que comparten noticias, impresiones, teorías, copias manoseadas de los libros, y se lo toman todo tan en serio que hasta lloran juntos cada muerte de un personaje favorito.

El fenómeno GoT (Game of Thrones, título original en inglés de la franquicia) puede ser visto como fantasía de altos quilates, un negocio, simple entretenimiento, expresión más o menos descarnada del empuje de la industria cultural, incluso obra de arte, un audiovisual visionario, o un clásico, según quien opine pero difícilmente alguien pueda cuestionar su éxito.

Nada o casi nada le hace sombra al gran espectáculo, al show de los shows, ni un Barça vs Madrid ni un partido de Grandes Ligas.

En el año 2018 no se emitió Juego de Tronos, y pareció de luto, como si al año le faltara algo a lo que ya varios millones de personas nos habíamos acostumbrado.

Parece tan seguro como la muerte que vamos a extrañar esta fantasía que nos vendieron bien empaquetada, en formato de lujo, a punto de despedirse dejando la vara demasiado alta.

 

 

 

Acerca de Roberto Jesús Hernández Hernández

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