Sábado , 30 noviembre 2019
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El verdadero valor…

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Definitivamente el dinero no brinda la felicidad pero calma los nervios, como escuché una vez. Lástima que semejante “caballero” tire de las ansias de muchos al punto de hacerles creer que sin su tirana compañía no hay vida posible.

Y sí, el dinero un tirano que pervierte los más bellos sentimientos, y los hay por ahí que por obtenerlo venden hasta el alma, los sueños, las ganas…

El dinero logra trasmutar la belleza más pura, esa que no necesita de prendas y colores; aquella mujer con la nunca me ven es bella porque sí, porque lleva el alma pura y el aroma suave de la hierba húmeda tras la lluvia. No necesita arropar su esencia con vestidos caros, y basta escucharle para entender el verdadero valor de las cosas.

Abundan quienes no salen si no cuentan con la última marca del momento, si no visten como el reguetonero de moda, o cualquier otro artista favorito.

Existen quienes más que una buena conversación, creen que solo serán notados según la cantidad de cervezas que logren llevar a la mesa, para que permanezcan allí ante la admiración de todos.

Los hay además, quienes abarrotan su casa de artefactos donde todo desluce en un barroco altisonante, mas lo necesario es dejar constancia de si holgura financiera.

A veces creo que el dinero es directamente proporcional con el más gusto, quizás por eso adunan las malas letras en las canciones, en manifiesta reverencia a lo banal, lo soso, lo intrascendente. Por eso sé de muchos que sin dinero no saben divertirse.

Es la razón por la que proliferan individuos de arcas llenas pero con tal pobreza en espiritualidad que entristece mirarles. ¡Ojo!, no arremeto contra los que honradamente adquieren ganancias gracias a su talento, no, solo me dirijo a esos que necesitan mostrarse como pavorreales, esos con una conversación con olor a cerveza, sentidos embotados y argumentos algunos.

Y lejos de lo muchos piensan más que un título universitario, para mí, el conocimiento mayor radica en el sentido común y la sapiencia de la vida, y esa necesidad inconmensurable de hacer el bien. Por eso siempre digo que las personas más inteligentes que conocí las hallé en el campo, esos seres que aprendieron a amar la naturaleza.

Vivimos en tiempo de un pragmatismo que desconcierta, donde los jóvenes están metalizados de tal manera que abandonan sus sueños en pos de algo que les haga rico, desconociendo que la riqueza mayor radica en el conocimiento que acumules con los años.

Allí reside el respeto verdadero, la más certera admiración. Dime cuánto sabes y te diré cuánto vales, debería ser el verdadero precepto que salvaría nuestro tiempo futuro. Es allí, y no en el bolsillo ni en el grueso de la billetera donde radica el verdadero valor.

 

Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

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