Escapar de las responsabilidades propias de la vida docente, familiar o social se vuelve un mal generalizado cuando se habla de la adolescencia.
Durante esta etapa de la vida, matizada por las compeljidades desde el orden sicológico y conductual, muchos adolescentes y jóvenes suelen diluir sus responsabilidades a la menor oportunidad, sin mirar más allá de sus narices y sólo interesados en vivir el momento, da lo mismo del lugar, la hora o la compañía. Sólo piensan en huir a toda costa.
Es por eso que escaparse se presenta como la salida ideal, da lo mismo mismo si estamos en medio de una clase aburrida, en la beca lejos de casa o rodeados de libretas y cálculos. Más cuando aparece un plan B mucho más atractivo como ir de playa, a la disco, ver series o jugar videojuegos con un piquete de amigos.
Esto no quiere decir que no haga falta, de vez en cuando, transgredir un poquito las reglas porque sino dejaríamos de ser jóvenes. Pero esto sin perder el control sobre los eventos y recordar siempre que el deber por estudiar, superarnos y cumplir obligaciones en el hogar nos hará siempre mejores personas.
El ejemplo es muy importante en estos casos y tiene que venir desde la familia y quedar reforzado en la escuela con los profesores. De nada valen charlas moralistas si no se predica con el ejemplo. Y en eso muchas veces fallan los padres y luego los propios hijos se lo echan en cara ante los fracasos.
La formación que seamos capaces de adquirir resulta muy importante en esta etapa. Comprender las verdaderas consecuencias de nuestros actos para el futuro y sobre todo hacernos responsables de todo cuanto hacemos pueden ser claves para aprender a caminar en la vida.
Quizás luego de este obligado recuento pensarás un poco mejor las cosas antes de escapar a tus responsabilidades sin importar cuán joven puedas ser. Eso denota que aprendiste la lección y que siempre optarás por un futuro mejor para ti y quienes te rodean.
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