Este 20 de noviembre conmemoramos el aniversario 228 del natalicio de Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales, más conocido como el padre Varela, un cubano para todos los tiempos, porque, como otros genios, conserva la actualidad de movilizar y convocar con las citas de su verbo y su acrisolado ejemplo de ética, civismo y moral.
Nació en la ciudad de La Habana, en 1787 bajo la bandera del colonialismo español imperante en la Isla. A los 14 años de edad le confesó al abuelo su vocación sacerdotal con el propósito de salvar almas, y en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio y la Universidad de La Habana se adentró en el conocimiento crítico de las ideas de su tiempo, aprendió y forjó su propio pensamiento, irreverente para los intereses creados, revolucionador hasta lo subversivo.
Desempeñó, entre otras, la cátedra de filosofía, y alumnos suyos fueron los eminentes José María Heredia, Domingo del Monte, José Antonio Saco, Felipe Poey y José de la Luz y Caballero.
A los 23 años de edad, Varela, enjuto y asmático, era sacerdote oficiante en la catedral habanera, caracterizado por una sensibilidad física y espiritual poco comunes, altamente contrastantes con su capacidad para retar injusticias y falsedades, y enunciar “desordenadoras” verdades, tanto, que más tarde le granjearían una condena a muerte.
Su sacerdocio no le impidió ser hombre terrenal, ocupado de filosofar sobre temas del espíritu, la naturaleza y la sociedad; desarrollar una práctica consecuente con la ruptura escolástica y reformista, y abogar por la emancipación de su patria del yugo colonial, el antiesclavismo y el antianexionismo.
Numerosos investigadores han destacado en la obra del padre Varela que no titubeó al plantear el camino de la revolución como única vía para el desarrollo del país cuya nacionalidad contribuyó a forjar.
Para ello fundamentó las ideas en un profundo análisis sobre la realidad social de aquella primera mitad del siglo XIX, apeló al razonamiento y a la prédica moral con tanto poder de convencimiento que sus tesis fueron enarboladas como fundamentos en 1868 por los iniciadores de la guerra de independencia.
Varela fue diputado a las Cortes Españolas entre 1822 y 1823, donde expuso sus razonamientos y cosechó una pena de muerte dictada por el absolutismo del rey Fernando VII, que lo obligó a emigrar a Estados Unidos, donde permanecería durante 30 años, simultaneando su oficio sacerdotal con actividades revolucionarias.
En Norteamérica fundó el periódico El Habanero, en el año 1824, que dedicó a la independencia de Cuba y circuló clandestinamente en La Habana.
En esa y otras publicaciones el verbo vareliano evidenció su posición contraria a la de la Iglesia Católica, aliada a la dominación española en las tierras americanas, delimitó los campos de la religión, la política y la moral, expuso claramente que la independencia de Cuba debía prescindir de anexiones comprometedoras, y subrayó que sin libertad económica no era posible ejercer la libertad política.
José de la Luz y Caballero (1800-1862) —discípulo y destacado continuador del pensamiento del Presbítero—, le dedicó un párrafo sintetizador de su obra cuando dijo que su maestro fue el primero que enseñó a pensar a los cubanos. En un pequeño cuarto de madera pobremente amueblado, Félix Varela, sumamente delgado y venerable, el 25 de febrero de 1853 trascendió su tiempo y entró en la inmortalidad del recuerdo y el ejemplo de la virtud.
Durante su visita a Cuba, en el año de 1998, el Papa Juan Pablo II, en el aula magna de la Universidad de La Habana, ante los restos del padre Varela, dijo que “él es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe cristiana y cultura cubana”. (TVY)(Fuentes Ecurret y archivos)(Actualizado en 20/11/15).
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