Adecuada higiene bucal puede significar unos cinco años más de vida para la persona, de acuerdo con criterios de especialistas, quienes nos recuerdan que al menos un centenar de bacterias sobreviven en la saliva, y la boca es lugar idóneo para que los patógenos invadan el cuerpo humano.
¿Qué hacer? Ante todo el clásico cepillado de los dientes al menos cuatro veces al día, especialmente después de ingerir alimentos además de visitar al amigo dentista cada seis meses para revisión profiláctica y siempre que alguna molestia avise la necesidad de una revisión a tiempo que evite la extracción de piezas dentarias.
Las estadísticas de salud bucal muestran que la mitad de la población adulta, a escala mundial, sufre caries y enfermedad periodontal, afección que deviene crónica y puede ser factor de riesgo para padecer lesiones cardiovasculares, trombosis y arteriosclerosis.
Como vemos, poder mostrar a cualquier edad una agradable sonrisa, que exhiba dientes sanos y capte simpatías, es buena razón para cuidar la higiene bucal, pero no la única, ni la más importante.
Por supuesto, la alimentación balanceada ayuda a conservar encías y dientes saludables, así como el ingerir fluor en el agua, pero otras prácticas, al parecer intrascendentes, pueden marcar la diferencia entre una sonrisa espléndida y otra repulsiva.
Se recomienda no economizar cepillos dentales. Hay quienes presumen porque lo conservan hasta más de un año. Nada de eso, si usa el cepillo con la frecuencia necesaria y en la forma que indica el odontólogo, de arriba hacia abajo y viceversa, al mes ya está infectado y necesitará renovación.
También el uso frecuente del llamado hilo dental para limpiar los espacios entre piezas bucales es buena práctica.
Las personas aquejadas de halitosis, o mal aliento, deben recordar que una boca limpia huele bien.
Abra la boca, saque la lengua ante el espejo, no para burlarse de usted mismo, sino para comprobar que ese utilísimo órgano muscular esté limpio. ¡Sorpréndase de lo que observa! Pero no se embelese, actúe y cepille la lengua, con cuidado, verá que puede hacerlo sin sufrir arqueadas, es cuestión de entrenamiento y práctica. Ahora disfrute su buen aliento.
El crecimiento bacteriano en la lengua se parece a la acumulación de polvo en una alfombra muy pilosa. Incluso cuando la periodontitis está vinculada con la halitosis en un tercio de los pacientes, el mal aliento en realidad está más relacionado con la placa del tercio dorsal de la lengua.
Por eso, fuentes científicas consultadas insisten en que el cepillado o limpieza de la lengua puede proporcionar un gran alivio para los referidos pacientes, cuyo reflejo de náusea no se estimula muy fácilmente.
También odontólogos recuerdan a las mamás que al alargar el periodo de lactancia de sus bebés les evitan trastornos buco dentales, tales como apiñamiento de dientes, y enfermedades en las encías, como la piorrea.
La sana práctica de la lactancia materna contribuye a que el niño adquiera más facilidad para aprender a respirar por la nariz, por lo que este esfuerzo muscular provoca el desarrollo óseo de las mandíbulas de los pequeños y previene trastornos en encías y dientes.
Aunque aún no tenga dientes, las encías del bebé se deben limpiar con una gasa después de cada toma, y cuando comiencen a salirle, la operación se realiza con un bastoncillo o cepillito de cerdas suaves.
No lo dude ni siquiera un instante: cuidar sus encías, sus dientes, su boca toda, significa mucho más que una agradable sonrisa y buen aliento. Significa alargar la vida y la calidad de esta sin dejar de sonreír.
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