Miércoles , 4 diciembre 2019
Es Noticia

¡Horror!, ya soy un “extraplán”, me acabo de enterar

Comparte:

armelioabuelos001

Las estadísticas, números que nos alumbran, a veces nos abruman, otras nos hacen sonreír  y hasta nos erizan los pelos, me gritan desde la pantalla del ordenador que ya soy un “extraplán”, pues  con la última hoja del almanaque  2017 doblé la curva de los 77 cumpleaños, y acabo de entrar  como una exhalación en la recta que me conducirá a la meta inmediata de los 78 (el 7 de junio, para que se enteren los que me quieren bien, y los que no también), siempre que no se me atraviese algún indeseable fantasma esgrimiendo una guadaña.

 Me explico. Lo de “extraplán” no es mío. Lo he tomado prestado de mi amigo Cándido Domínguez, periodista estrella, humorista y poeta por cuenta propia y sin licencia, porque para tales oficios no se expiden, pero él, de vez en cuando, los ejercía, además del de recitador en fiestas hogareñas,  “actividades” sindicales y motivitos laborales, después del horario de trabajo, naturalmente…

Un día que el viejo Agustín, entonces  de 87 años de edad, se quejaba de la artritis, Candito, con esa rapidez creativa de  buen locutor e improvisador, le dijo: “Pero Agustín, aterrice, ya usted es un extraplán”.   Don Agustín se quedó estupefacto, sin entender bien. Entonces, mi genial amigo le explicó: “El promedio de edad en Cuba para los hombres es de 76 años, y usted hace mucho rato que superó la meta…”

  Lamentablemente, Candito no pudo imitarlo. Se fue a destiempo arrastrado por la parca, dejándonos con el desconsuelo que no acaba. Este mes cumpliría 77 eneros. Pero ya no está.

Ahora me entero que las cifras oficiales de Salud Pública acaban de citar la esperanza de vida al nacer  de 78, 45 años -80,45 para las mujeres y 76, 50 para los hombres-, y, como dije antes, me erizo al saber que ya entré en la categoría de los que “cumplieron” y aguardan la carroza.

  En realidad tenemos la fortuna de vivir en un país latinoamericano fuera de serie, porque, a pesar de nuestros tropiezos e insuficiencias en materia de salud y medicamentos –en gran medida determinados por la soga al cuello del bloqueo estadounidense-, en realidad, en Cuba, un ser humano a los 70 años puede parecer tan joven como otro de 50 y tantos en una de nuestras hermanas naciones del área, sobre todo en el sector rural.

   Hay quienes miden la calidad de vida por la cantidad de bytes que tienen en la computadora y otros chismes electrónicos digitalizados, los electrodomésticos que adornan su cocina o las bocinas que  lo rodean, y se olvidan de otras esencias que no solo perfuman  el ambiente,   sino  dan solidez alimentaria  a la vida. Además del boniato y la carne de cerdo, están el  arte, la instrucción y la respiración natural, sin sofocos apremiantes de tiranosaurios empleadores, pero este es otro “tema”, como dicen ahora los políticos, los funcionarios y hasta algunos periodistas que remeda el lenguaje administrativo y usted casi se ríe cuando escucha algo así como “¿Qué me puede decir sobre el tema educación y el tema economía? ¿Cómo está en su empresa el tema de la disciplinas? Pero, como dije, ese también es otro “tema”.

  Y me sigo enterando que ya existen  287 casas de abuelos, 11 más que en 2016,  donde se atienden nueve mil 838 personas de la tercera edad. A propósito, habrá que definir hasta donde llega esa tercera edad. Hasta no hace mucho comenzaba a los 60, pero al ritmo que vamos habría que acuñar ya la cuarta edad, al menos desde los 75, e ir pensando en la quinta…, porque ya casi los de seis décadas en adelante llegan al 20 por ciento de todos los que pisamos este archipiélago caribeño.

   Por una nota de la Agencia Cubana de Noticias también supe que en 2017 creció en mil 441 la cifra de círculos de abuelos y actualmente existen 15 mil 386, con 901 mil 576 participantes, y  funcionan  51 servicios de geriatría con mil 049 camas de hospitalización. Basta de estadísticas. Me parezco a un narrador de pelota que no tiene  nada que decir sobre lo que sus ojos miran en el terreno y se refugia en una catarata de números para inundar – y aturdir- los oídos del radioescucha.

   Por último, debo confesar que tantos años de vida lúcida en realidad me colman  de alegrías, por las que doy gracias a todos (y a todas, para seguir la tontería sexista que  han inventado los neogramáticos)…  y también de  temor. No porque me acerque demasiado a una meta incierta, porque la mía la he situado, contra viento, marea y huracanes –los atmosféricos y los humanos- más allá de los 120, sino porque  es  cierto que las fuerzas menguan, lo que duele más cuando las neuronas  y los deseos de seguir compartiendo alegrías y sin sabores no se ponen de acuerdo con el colon y los riñones, y se resisten a admitir esa edad biológica que marca la diferencia entre lo “normal” y el “extraplán”.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

mm
Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top