Enseñar es un arte difícil que no todos pueden desarrollar. Incluso para algunos solo llega con la experiencia de los años. Sin embargo, la práctica ha demostrado que los jóvenes pueden hacerlo muy bien si se lo proponen. Todo está en el empeño y dedicación a la hora de impartir las clases y el amor por la profesión.
La falta de profesores en algunas enseñanzas ha llevado en los últimos años a la búsqueda de alternativas para que todos reciban las clases. Muchos jóvenes universitarios, por ejemplo, han dado el paso al frente y asumen la docencia en las casas de altos estudios y también en secundarias, preuniversitarios o politécnicos según haga falta. Ciertamente, un gran reto cargado de aprendizaje y por qué no también de tropiezos.
Cuando somos estudiantes queremos tener un buen profesor. Ese que nos convence en cada clase con argumentos y preparación y nos enseña otras dimensiones de la historia, la literatura o la física. Sin embargo, no todos están dispuestos a dar el paso al frente para dedicarse a enseñar. Y más cuando se está en la universidad, a las puertas de graduarse. Claro, siempre algunos saltan las trabas familiares y sociales para realizar sus sueños de otra manera: dando clases.
No es nada fácil asumir la docencia y más en la universidad. La preparación constante, la búsqueda de bibliografía complementaria, la investigación, la elaboración y calificación de los exámenes consumen días y meses enteros. Y todo eso ligado con la inexperiencia de los recién iniciados en el mundo del magisterio que demanda aún más consagración.
Para muchos, los contenidos y las materias no son un problema pues lo dominan a la perfección. Lo complicado aparece a la hora de enfrentarse al grupo. Quizás porque profesores y alumnos tienen edades similares y esto puede crear ciertos complejos en el grupo. Sobre todo a la hora de imponer autoridad y disciplina, esclarecer dudas o imponer un criterio sobre la base del conocimiento.
Algunos jóvenes al graduarse en la universidad deciden simultanear la docencia con el trabajo, sin tener que renunciar a nada. Esto implica doble preparación y sacar un extra de tiempo para cumplir con todas las obligaciones. Porque el nivel de exigencia es el mismo para todos. Y lo más importante es garantizar el aprendizaje de los alumnos y buenas notas en cada asignatura.
Si estás a las puertas de graduarte en la universidad pero te apasiona la docencia, no dudes en elegir tu camino. Desde el aula, a punta de tiza y conocimientos, también tienes un camino de realización profesional y humana. El universo de la docencia te aportará vivencias, conocimientos y sobre todo la satisfacción de formar el futuro.
Su imagen más cercana


