Sábado , 23 marzo 2019
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La muerte viaja sobre ruedas

Foto capturada en el 2012 por este redactor

No entiendo cómo existen personas que les fascina el morbo, y tras un accidente corren presurosos a captar las imágenes del fatídico suceso para luego compartirlas con sus allegados como si se tratara de un espectáculo circense.

A lo largo de mi vida he presenciado varios de estos sucesos y solo despiertan en mí tristeza. Aunque en varias ocasiones me he visto obligado a recabar información sobre ellos y retratar la colisión dado mi oficio. Me llama la atención que de un tiempo acá las noticias de accidentes son mucho más frecuentes, y los causas responden a diferentes factores desde mi punto de vista.

La primera causa de esta profusión de noticias es que el acceso de las redes sociales gracias a la creciente conectividad de las personas en Cuba. Hoy, cualquier incidente llega a internet a gran velocidad; otra de las causas quizás responda a la faltas de profesionalidad de los conductores.

Recuerdo que en una mañana de octubre del 2012 presencié  un accidente de tránsito en el poblado de Perico, municipio matancero ubicado a 74 kilómetros al este de la cabecera provincial, cuando un auto americano de los años 50 con pasajeros a bordo, impactara un ómnibus chino marca Yutong.

Vecinos aglomerados en el lugar me explicaron en aquella ocasión que tras colapsar la dirección delantera del vehículo, el conductor perdió el dominio y se impactó contra un camión primero, y contra la guagua después, provocando el fallecimiento de una señora mayor que viajaba a su lado; el chofer también había sufrido graves heridas en sus extremidades inferiores.

Otros pasajeros lesionados fueron remitidos de inmediato al hospital del Colón.

Foto capturada en el 2015 por este redactor

Desde aquel entonces una idea me da vueltas en la cabeza. Con la difícil situación del transporte, en Cuba muchos habitantes deben recurrir a los transportistas particulares conocidos como “boteros”, a pesar de los altos precios.

En su gran mayoría, se tratan de carros americanos de los años 50, que el pueblo jocosamente llamó “almendrones”; pero en los últimos tiempos la jocosidad se trastocó en tragedia, por el mal estado técnico de los carros y la imprudencia de algunos boteros al volante.

Tal imprudencia se debe al deseo desenfrenado de hacer dinero, para lo cual alcanzan altas velocidades ignorando que las vidas de las personas no tienen precio, pero al parecer solo les interesa llegar cuanto antes al punto de recogida para nuevamente abarrotar de pasajeros su viejo cachivache.

La rapidez se ha convertido en moda mortal. He conocido de Ford de los 50 con motores Hyundai de petróleo del 2010. Pasan por alto que si a un individuo de la tercera edad le colocas un corazón de un adolescente, quizás consigas más palpitaciones por minutos, pero el organismo, órganos y sistema óseo continuarán siendo el de una persona mayor, con sus achaques y dolores. Con los autos sucede igual.

Con solo detenernos un rato cerca de cualquier carretera con cierto tránsito, se detectará a simple vista y sin la necesidad de inspección técnica, la cantidad de armatostes que ruedan por nuestras vías conjurando la muerte.

En Perico una señora nunca llegó hacia donde deseaba por la temeraria confianza de un conductor, que sufre en un hospital la negligencia de no revisar su auto lo suficiente.

Desde que manejar se hizo lucrativo negocio, en las carreteras cubanas hay más negociantes al timón, que prudentes chóferes, y más muertes también.

Lo preocupante ahora es que al parecer los ómnibus de empresas estatales de transporte también carecen de prudencia. En los últimos días han sido noticias accidentes masivos con daño irreparable para la vida de las personas. La premura e indisciplina vial pasa factura y cobra vidas. Sobre este tema no puede haber dilación, las leyes deben ser más severas si tomamos en cuenta que cada 47 minutos ocurren un accidente de tránsito en Cuba, y cada doce hora fallece una persona en la vía por la misma causa.

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Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

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