No hay trampa, sino meditación serena: “A los fuertes les pasa lo que a los papalotes: se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso”, dijo el célebre don José Ingeniero, profesor y psiquiatra argentino.
No aludía a levantadores de pesas, sino a hombres de pensamiento. No hablaré de los saltimbanquis que pretenden mover objetos con la vista,
ni siquiera de la añeja pretensión telepática, sino del poder del pensamiento sobre la voluntad propia, capaz de convertir al individuo en guiñapo humano, temeroso hasta de su sombra, o en titán vencedor de todos los infortunios probables.
Los que estiman que todo les saldrá mal y se resignan al Apocalipsis de sus pensamientos negativos, se auto condenan a sufrir hasta el ocaso de sus días. Triste decurso y final de una existencia que no compra boleto de retorno, simplemente porque no existe prueba alguna de que el viaje sea reversible.
Entender esa verdad es crucial para evitar ideas negativas y transitar abiertamente en el universo de proyecciones positivas, que abren puertas, delinean el futuro y permiten exclamar con sinceridad que vale la pena vivir la vida.
El poder del pensamiento puede lograr multiorgasmos femeninos o eyaculaciones masculinas sin estímulo físico de otro.
También es capaz de invalidar al más fuerte atleta, anular el dolor sin anestesia, provocar risas o llantos infinitos, amar hasta el delirio, u odiar hasta la demencia.
No son figuras retóricas, sino consecuencias ciertas del pensar.
Quienes permanecen todo el tiempo atrapados entre los barrotes virtuales de una jaula mental, necesitan aprender a usar la fuerza de sus pensamientos positivos para escapar de esa prisión.
Los pensamientos negativos se manifiestan a través del cuerpo, apuntan expertos en psiquiatría: Quienes los padecen suelen quejarse de “nudos en la garganta” o “de querer que la tierra se abra y nos trague”.
En su poema “Remordimiento”, el gran poeta argentino Jorge Luis Borges afirma: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”.
Librarse de ese pecado es posible. Solo se necesita una diaria oración íntima que fortalezca el optimismo y eleve la autoestima. Ahora le toca a usted, pensar y obrar. (TVY))05/10/17)
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