Miércoles , 18 julio 2018
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Orientación vocacional

estudiante ilustración¿Qué quieres  ser cuando seas grande?, es  pregunta  que suelen formularle los mayores  a los niños. Después que el muchacho anuncia que  quiere barrer  calles,  o vestir la bata blanca de doctor, o  dedicarse a la pelota, empieza la controversia en el seno de la familia.

El padre se horroriza con esa vocación de aseador ambulante del entorno (barrendero); la madre invoca a las alturas,  porque siempre soñó con un médico en la familia, y los abuelos baten palmas porque ya ve a su muchacho de siete años vistiendo la franela del equipo cubano de pelota…

Orientación vocacional,  llaman  a la ayuda que deben brindar maestros y padres al escolar para guiarlo en las opciones educacionales.

Sucede que al término de la secundaria o el preuniversitario, numerosos estudiantes todavía no han hallado la respuesta exacta a la pregunta paterna. Simplemente no saben hacia adonde dirigir sus siguientes pasos de superación cultural y técnica, con vista a su futuro desempeño laboral. Es una situación precisamente actual en el calendario docente en Cuba.

Pero las vocaciones, halladas o todavía extraviadas,  deben coincidir con las notas y las aptitudes reales del educando,  y  estas no siempre concuerdan con lo que el niño dice que desea ser cuando sea grande.

Está claro que la familia desempeña un papel protagónico en esa ayuda vocacional, y debe atender a las posibilidades del muchacho, de acuerdo con su rendimiento escolar, al terminar la secundaria básica o el nivel medio superior, en un ámbito donde no puede obviarse  la oferta de plazas para la continuación de estudios.

Para no fracasar en el empeño, se impone un análisis objetivo, de manera que no se debe inducir  a estudiar ciencias a un joven que se desvive por la poesía. Tampoco sería  a adecuado guiar por el camino de las artes a quien  prefiere los secretos de la química y la física, o el mundo del deporte, y su expediente escolar reafirma esa vocación.

La primera lección  es que los muchachos  no están obligados a realizar los sueños que sus progenitores  no alcanzaron.

Las aspiraciones juveniles necesitan afianzarse sobre todo en bases de conocimientos sólidos  para no fracasar en el camino, y adecuarse a las posibilidades reales.

Sin dudas, es este tema de análisis necesario cuando concluye el actual curso escolar y de hecho se prepara el siguiente.

Los adultos, la familia y los maestros, pueden y deben marcar la diferencia cualitativa, e inducir la mejor opción  en la orientación y la formación vocacional, pero siempre  atendiendo a la individualidad de cada niño o niña,  adolescente y joven.

 

 

 

 

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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