Cuando se habla de la crianza de los hijos y su formación, muchos piensan en primera instancia en las madres, esos seres indispensables en la vida de todos. ¿Pero dónde quedan los padres en esta historia? ¿Acaso no participan también en la educación de los hijos o solo garantizan el sustento económico?
Antes, el varón se encargaba únicamente de garantizar la seguridad económica de la familia y el resto quedaba al cuidado de la madre. En pleno siglo XXI, el rol de padre, a la usanza de la Edad Media, va quedando atrás. La incorporación de la mujer al mundo laboral ha influido, pero también el hecho de entender cuán importante es el padre en la crianza de sus hijos.
En tiempos pasados, los padres solían ser demasiado autoritarios, y literalmente les costaba mostrar cariño a sus hijos. Hoy los nuevos papás son más dulces, cariñosos, conciliadores y comprometidos con el cuidado de los hijos . Esto, ciertamente, ha beneficiado a la familia y el entorno de muchos niños.
El exclusivo papel de suministrador de bienes del hombre se ha desplazado hacia uno más íntimo y solidario. Cada vez existe más espacio para la interacción y el sentimentalismo paterno. Reuniones de padres, viajes en familia, labores domésticas, asistencia al médico son espacios donde es posible encontrar a los progenitores, y en los que antes solo veíamos a la madre acompañada, quizá, por alguna compasiva abuelita.
No obstante los avances en materia de paternidad responsable, aún persisten los desentendidos. Están los que dejan en manos de las madres todas las tareas y decisiones y luego reclaman cuando algo sale mal. En el otro extremo se ubican los divorcios, los cuales muchas veces provocan amnesia en los hombres y olvidan por completo sus responsabilidades paternas. Los más perjudicados en todas estas historias son, en definitiva, los hijos.
Las familias reestructuradas con madrastras, padrastros o aquellos donde solo se encuentra la madre, resultan muy frecuentes. Sin embargo, es poco común encontrar a un padre criando a su hijo en solitario. Ser padre soltero implica superar muchos obstáculos, sobre todo los culturales asociados al machismo, pero también supone descubrir las capacidades de los hombres para cuidar y educar a sus hijos.
Uno de los principios para ser un padre “moderno” es, sin lugar a duda, dejar atrás los estigmas que definían qué debía o no hacer un hombre para ser considerado como tal. Entonces, a los tradicionales desempeños masculinos habría que agregar y extender el tiempo paterno para el diálogo profundo y para el afecto cercano sin mediaciones o falsos códigos sociales.
Los cambios en la manera de enfrentar la paternidad hoy en día son un reflejo de la necesidad de crear nuevos vínculos entre padres e hijos. No es una tarea sencilla, pero la satisfacción de verlos crecer hasta convertirse en los padres de las futuras generaciones es un privilegio. De la actitud que desarrollen los padres dependerá la estabilidad emocional de los hijos. Esto, a largo plazo, los convertirá en adultos con criterio y personalidad, capaces de plantearse desafíos y enfrentarlos con éxito.
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