Martes , 13 noviembre 2018
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Premisas para el aspirante a ser humano y buena persona

estudiantes matanzas(1)“El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso -escribe José Martí en la Edad de Oro (*) – el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecillas de hombre fuerte una flor para su amiga o cuando lleva del brazo a su hermana para que nadie se la ofenda…”

Para llegar a autodenominarse “ser humano” no basta solo la condición biológica de la especie al nacer, habida cuenta en este tipo particular de individuo, habitante del planeta Tierra, coinciden tres esencias determinantes: la biológica, la psicológica y la social, que  expertos suelen sintetizar en un vocablo especial “biopsicosocial”, y que en términos coloquiales podríamos decir que el ser humano es, simplemente, una buena persona.

“Patria es humanidad”, afirmó categóricamente nuestro José Martí. En el  Apóstol de la Independencia cubana,  el  Ser patriota es Ser humano.

Consecuentemente, a partir del nacimiento  es menester dotarse y practicar  valores éticos y morales que caracterizan la cultura, la instrucción, el respeto  al semejante de cualquier edad, sexo y orientación sexual; el respeto al entorno, a la sociedad; el respeto a la vida; la consideración hacia los mayores, familiares, amigos, conocidos o simples personas que vemos pasar.

Pero los valores no surgen de la nada, de ahí  la importancia de la educación en  la escuela y en el hogar, en la organización en la que se milita o en el club al que se afilia el aspirante a ser humano, desde niño y hasta anciano, en todas las etapas de la vida

La necesidad de sembrar y cultivar  en el hombre la humanidad, para que esta  nazca, eche raíces y se multiplique, no es tarea de un día, sino  misión permanente de maestros y padres, de seres humanos, imprescindible para la convivencia social, para que   nadie arranque una tabla de un banco del parque u ofenda a un semejante, para que se cuide el bien público y se sienta orgullo del entorno limpio y saludable, cuidado entre todos, de eso se trata la educación en valores.

Coincido con usted,  la formación de valores es un proceso difícil, porque el individuo por naturaleza es complejo.

Pero no podemos obviar la responsabilidad que cada uno tenemos en tratar de que  el ser humano en formación, desde niño aprenda a desplegar  las energías creadoras que lleva en sí y las desarrolle en función de la sociedad, de la que forma parte y en la que vivirán sus hijos y nietos, en Matanzas, en todo el país y en nuestra aldea planetaria.

(*)La Edad de Oro fue una revista mensual para los niños, del cubano José Martí. La Edad de Oro mantiene su frescura, belleza y vigencia más de un siglo después, hablando a los niños en un lenguaje universal que no conoce tiempos ni distancias.

La primera revista vio la luz en julio de 1889, durante la estancia de Martí en Nueva York para preparar la guerra que le daría la independencia a Cuba del colonialismo español, y en la que Martí perdería la vida. Realizando un esfuerzo sobrenatural entre tantas responsabilidades, Martí logró publicar 4 números de la revista La Edad de Oro. La revista tenía 32 páginas y contaba con bellos grabados e ilustraciones.

Los textos de la revista son cuentos, ensayos y poesías que muestran ejemplarmente el humanismo e idealismo martianos. La universalidad de los valores humanos nos llega a través de un amplio espectro de temas y épocas tratadas. La Edad de Oro se propone incitar en el pequeño lector la búsqueda del conocimiento, del amor y la justicia.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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