Lunes , 18 noviembre 2019
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Sin adivinanza: combinación mortal

alcoholismo-pluds-marzo-2012No es una adivinanza, ni siquiera  un enigma para probar su imaginación, sino una realidad que golpea con demasiada frecuencia: alcoholismo y accidentes de tránsito, lacras sociales que se integran en un mismo tema recurrente.

En su diario andar por el mundo gozan de una impunidad terrorífica. Cuando actúan solos son sumamente peligrosos, y asociados forman una pareja de consecuencias casi siempre mortales para quienes atrapan entre  sus garras.

Lo demuestran estadísticas de muertos, heridos y  daños materiales que saltan a la vista en un lapso determinado cuando se analizan las consecuencias de manejar un vehículo con unas copas de más circulando en el torrente sanguíneo.

De período en período, se constatan resultados patéticos si han subido los citados números, o se ofrecen señales de  festinado optimismo si han bajado. Pero de tanto repetirse ese sube y baja,  las palabras y guarismos que lo expresan menguan el poder comunicativo del peligro que representa conducir después de haber ingerido bebidas alcohólicas.

 Cuando usted lee que  solo en el transcurso de un año más de un millón 200 mil personas murieron  en el mundo, como consecuencia de accidentes del tránsito, puede que todavía no se percate de la verdadera trascendencia del  fenómeno, que también involucra a los cubanos.

Esas trágicas secuelas realmente solo son comparables con las de una guerra de grandes proporciones desatada por la aberración del sentido común.

Al comprenderlo, puede que lleguemos a  la misma conclusión de la Organización Mundial de la Salud, cuando afirma que  la seguridad en las vías no depende realmente de acciones fortuitas, sino de la falta de responsabilidad e imprudencia de las propias personas.

Para no reincidir en frialdades numéricas, reflexione en las consecuencias de esa guerra especial desatada a diario por el alcoholismo y el dislate: mutilaciones, huérfanos, enfermedades crónicas, fallecimiento de  seres queridos, lágrimas, hambre, indigencia, degradación moral…

Siga añadiendo adjetivos y recuerde que en  esa conflagración  todos podemos llegar a ser participantes gratuitos: víctimarios y víctimas sin causa defendible. Pero no responsabilice  a la palabra accidente, ésta solo enmascara el propio  desatino de los  humanos.

Si lo entendió, ya puede asombrarse. Ahora explíqueselo al que tiene al lado. A lo mejor contribuye a  salvar  vidas, la de él,  la de sus familiares, y hasta su propia vida.

 

 

 

 

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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