El curso escolar ya comenzó y con él se inicia un nuevo camino para muchos estudiantes. A otros solo les queda esforzarse un poco para concluir con éxito sus estudios. De cualquier manera, el mes de septiembre siempre trae consigo expectativas para todos los jóvenes.
La escuela es como una segunda casa. Allí pasamos la mayor parte del tiempo y de la mano de los profesores aprendemos enseñanzas útiles para nuestra formación como futuros profesionales. Las impresiones son bien diversas. Cuando entramos a la escuela el primer día de clases, por ejemplo, experimentamos sensaciones que van desde la sana curiosidad de saber lo que nos depara el ámbito escolar hasta el miedo a lo desconocido.
Si bien es cierto que las expectativas desbordan a los estudiantes de cara a un nuevo curso escolar, ellos siempre establecen prioridades. Estas se relacionan mayormente con la búsqueda de nuevos amigos o el acercamiento a un grupo afín a sus intereses y sueños juveniles.
A otros los llena de incertidumbre el sólo hecho de enfrentarse a nuevos profesores, asignaturas y procesos evaluativos. Muy por el contrario ocurre con los estudiosos o mechaos, como los llaman algunos, a quienes los motiva todo aquello que huela a libros y conocimientos.
Claro, no siempre ocurre así. Los menos audaces se resisten al cambio e incluso sienten rechazo por la escuela y todo lo guarde relación directa con ella. A esos, solo el tiempo y la dedicación de padres y profesores podrán enrumbarlos por el buen camino. Para los estudiantes que están a las puertas de graduarse las expectativas son otras. Terminar con buenas notas para matricular la carrera de sus sueños rebasa cualquier otra prioridad.
De cualquier manera, la escuela implica una nueva aventura cada septiembre. Hacer amigos, ganar conocimientos, departir con los profesores y por qué no, conocer también el amor son solo algunas de las razones que hacen de este mes el más atractivo de todos, si de expectativas escolares se trata.
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