
Colombia: salvaje y mágica
Para cualquier viajero inmóvil los documentales de naturaleza proveen, si bien solo en parte, esa tan ansiada sensación de encuentro con la belleza de la vida en todas sus formas, amenizado con toques de aventura.
Aunque nuestro mundo nos parece en este tiempo drásticamente empequeñecido, accesible y pobre en misterios gracias a herramientas como Google Earth, la época de los exploradores aún no termina.
Grandes descubrimientos en zonas agrestes y con frecuencia lejos del alcance de los humanos -si bien no de su influencia nociva- ocurren todavía, y en un lapso muy breve llegan al conocimiento público, en gran medida gracias a la tecnología.
Para la mayoría de nosotros sucede que las imágenes fijas o en movimiento nos llevan a donde, de otro modo, jamás podríamos llegar.
Colombia: magia salvaje, se desmarca de los documentales de naturaleza al uso, al mejor estilo de la BBC -que imprime en ellos su marca de excelencia- u otros gigantes mediáticos, sin perder un solo punto en cuanto a la excelencia de su realización y su espectacularidad.
El audiovisual de 2015 es un viaje en 90 minutos por el país suramericano, el segundo más biodiverso de la Tierra. La impecable fotografía, el guión ajustado a las escenas filmadas en la naturaleza (y no al revés) y una cuidada banda sonora nos deja la miel en los labios con peleas de colibríes, el apareamiento del cocodrilo del Orinoco, el vuelo del cóndor, el jaguar de cacería, la metamorfosis de la mariposa Morpho Azul, el encanto del mono tití del Caquetá (es tan raro que apenas sobreviven 250), la singularidad de la tóxica Rana Dorada, y mucho más para advertirnos que todo eso corre el riesgo de desaparecer si no actuamos inmediatamente para evitarlo.

La vida en todas sus formas y colores en un resumen de más de 38 mil minutos de filmación, miles de kilómetros recorridos, 85 locaciones, una veintena de ecosistemas, cerca de medio centenar de especies de animales… el resultado supera con creces su función como producto de la industria del entretenimiento (en cines colombianos se impuso frente a otras películas extranjeras de abultado presupuesto) para erguirse en un elocuente alegato en favor de la conservación.
Ríos como el mismísimo Amazonas, o el Caño Cristales con el colorido de las plantas acuáticas, las aguas del Océano Pacífico, las playas de la costa caribeña, los llanos orientales, los icónicos páramos colombianos, la Sierra Nevada de Santa Marta, las pinturas rupestres de Chiribiquete y otros tantos se abren ante el espectador lo mismo en escenas íntimas que espectaculares tomas a vuelo de pájaro (más bien de dron).

El documental coproducido por Grupo Éxito y la Fundación Ecoplanet, con el apoyo de la compañía británica Off The Fence, destinó los fondos recaudados a raíz de su éxito a la lucha contra la desnutrición crónica infantil en la patria del gran Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura.
Al llegar al final de Colombia: magia salvaje, la respuesta natural es el aplauso.
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