Martes , 19 noviembre 2019
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Ruedas diferentes

Un aroma, una imagen, un roce, algún sonido…a veces es todo cuanto se necesita para apretar el botón de la nostalgia y luego ya no se puede parar.

Rojo, muy rojo, era por fuera mi primer libro, aquel inolvidable ejemplar de “Cuentos y estampas”, maravillosamente escrito e ilustrado por el soviético Vladimir Grigorievich Suteiev (respeto la ortografía que aparece en mi ejemplar).

Cuando aún no era capaz de leer me contentaba con que me leyeran aquellos cuentos escritos en la lejana Europa, y quedaba completamente atrapado por el colorido de las viñetas interiores.

Muchos, muchísimos cubanos de varias generaciones crecimos con aquellas historias de animales parlantes puestos a dialogar en parajes tan ajenos a nuestro imaginario tropical como aquellos siempre adornados con bellotas, nieve, setas rojiblancas o abedules. ¿Sería tan descabellado reseñar el libro a estas alturas?

Dicen que escribía con la derecha y dibujaba con la izquierda aquel ruso que, sin él saberlo, entró por la puerta grande a la vida de tantos niños cubanos. Suteiev (1903-1993) llegó a la literatura después proveniente del ámbito cinematográfico. Sus libros han sido traducidos a más de 30 idiomas, y conocidos en países tan distantes como Noruega, Francia, Estados Unidos, México y Japón.  

Parece que fue hace un siglo o más. En los 90s no teníamos celulares, computadoras, tablets…de hecho, muchas veces ni siquiera había electricidad, pero había historias.

Hay algo primigenio en los humanos, nuestro apetito casi insaciable por los relatos, nuestra evolución como criaturas narrativas, que nos pone siempre alrededor del fuego como antaño para contar y escuchar cuentos.

Lobos, erizos, liebres, cornejas, cuervos, osos, gatos, perros, cisnes, y otras criaturas animadas por el talento de ese mago fabulador que fue Suteiev pueblan las páginas de “Cuentos y estampas”, una maravillosa entrada al mundo de la literatura a partir de situaciones y conceptos simples, a la medida de los más pequeños.

Con solo leer los títulos de relatos como ¿Qué animal es ese?, ¿Quién ha dicho miau?, El pollito y el patico, Bajo una seta, o La varita mágica, quienes crecimos con estas historias volvemos al pasado a la velocidad de un parpadeo.

Un lápiz que dibuja un gato para salvarse de las mordidas de un ratón, el pollito que sigue al patico a todas partes aprende una lección, los animales aprenden a cooperar para salir adelante en las dificultades…eso y más se puede encontrar en las páginas de “Cuentos y estampas”. El libro ha envejecido con suma elegancia. Funcionó para miles de niños que lo disfrutaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y funcionaría perfectamente para los infantes de hoy, pese a la brecha temporal.

Entre todos, yo me quedo con aquel relato genial: Ruedas diferentes, en el que los animales unen esfuerzos para buscarle utilidad a objetos aparentemente inservibles. El cuento resulta ser una fábula moderna, atemporal, hermosa y simple para hacernos reflexionar sobre la creatividad y el trabajo en equipo.

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Acerca de Roberto Jesús Hernández Hernández

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