El tabaquismo se ha convertido en los últimos años en una enfermedad con auge. Según la Organización Panamericana de la Salud, constituye la principal causa evitable de mortalidad en la región, pues ocasiona más defunciones que el SIDA, el consumo de alcohol y de drogas ilícitas, que los accidentes de tránsito y la violencia combinados.
En esta ciudad es alarmante el número de personas fumadoras. Sin importar los espacios, ya sean destinados o no para la tarea, el adicto acude a su vicio.
La adolescencia es una etapa donde aparecen dudas, lo cual provoca que en determinadas ocasiones se imiten patrones de conductas poco saludables, como la tendencia al tabaquismo.
Por esta razón, en reiteradas ocasiones, con o sin el consentimiento de la familia, adolescentes y jóvenes se enfrascan en un camino con un destino lleno de humo y ausente de precauciones. El deseo de semejarse a los adultos, la curiosidad y disponibilidad de acceder fácilmente a los cigarrillos, permiten la experimentación. También por seguir el mal ejemplo de compañeros, padres, hermanos, e incluso de figuras con arraigo popular.
En el tema cabe cuestionar el papel y control de la familia y la escuela. En casa muchos padres desconocen que sus hijos fuman y en la afueras o dentro de las propias instituciones educativas de la provincia de Matanzas los estudiantes burlan la imagen del profesor y de directivos.
¿Dónde queda la exigencia, el respeto y la responsabilidad? ¿Acaso no hay sentido del riesgo? Más de una treintena de enfermedades cardiovasculares, pulmonares y cáncer de la cavidad oral, faringe, laringe, esófago, pulmón, páncreas, riñón, vejiga y mama se derivan del hábito de fumar.
Pero cuando se tabla de la enfermedad no se puede obviar a los fumadores pasivos, quienes son perjudicados por consumir involuntariamente el humo de los enviciados.
Solo me resta decirles que si usted es fumador empiece hoy a cambiar su vida por su familia y su salud.
Su imagen más cercana
