Jueves , 21 noviembre 2019
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Realidades detrás de la fachada en América Latina y el Caribe

Jovenes-redes-sociales-nativosEstadísticas que  citan factores  principales  relacionados con la  salud y  la mortalidad de los jóvenes en Latinoamérica y el Caribe,  suelen enmascarar  verdaderas causas del drama  que se acentúa   por déficit asistencial.

En el grupo de entre 15 a 24 años de edad, estudiosos  afirman que los principales factores que conducen a la muerte son  homicidios, accidentes del tránsito asociados a la ingestión de bebidas alcohólicas y otras drogas, y  suicidio.

Entre las  mujeres se incluyen  las complicaciones del embarazo, parto y puerperio,  pues  38 por ciento de ellas queda embarazada antes de cumplir los 20 años, y entre el 15 y 20 por ciento de los bebés son hijos de adolescentes.

Las conductas de riesgo que asumen los jóvenes aparecen relacionadas  implícitamente con el ejercicio  de la propia voluntad, y este solo condicionado por  cierta “herencia o hábitos de carácter cultural”, pero no suelen analizarse  realidades  socioeconómicas y políticas predominantes donde  ellos residen.

De esa forma, frías estadísticas y  conceptos aislados que tratan de explicarlas  corren el riesgo  de  enmascarar las principales causas  de los problemas, lo que   enturbia el análisis causal  y  entorpece la comprensión de  soluciones vinculadas con la necesidad de cambios estructurales.

No se trata de aplicar criterios reduccionistas a los problemas de salud, que no pueden separarse del grado de asistencia, y este de  los reales factores  socioeconómicos que la condicionan, sino de ir a la raíz verídica de los males.

El Centro de Estudios de la Juventud en Cuba afirma  que entre las jóvenes mujeres de Centroamérica –entre 10 y 19 años de edad–, las causas más frecuentes de egresos hospitalarios (31 por ciento) se vinculan con  gestación,  parto y  puerperio.

Lógicamente esos elementos, aunque vinculados con “tradiciones culturales”, científicamente son inseparables de educación sexual, alimentación y condiciones generales de atención sanitaria y médico asistencial, y estos determinan  las elevadas tasas de mortalidad infantil y de muertes maternas que se aprecian en la mayoría de los países del área.

El contraste es Cuba, donde las condiciones sociopolíticas y económicas garantizan una atención estatal que privilegia a la madre y al niño, la que se traduce hoy en  la tasa de mortalidad infantil de apenas 4,3 por mil nacidos vivos, la más reducida de Latinoamérica e inferior a la de EE.UU.,y entre las naciones de mejores resultados en  Europa y  Japón, además de baja incidencia de la mortalidad materna.

Traumatismo, violencia, tuberculosis y obesidad entre adolescentes, aparecen entre los factores de morbilidad que se elevan en el área latinoamericana y  caribeña, de los cuales no se libra ninguna nación, pero  la mayoría de ellos se acentúan en la medida en que  cada país muestra los más elevados índices de pobreza y desigualdad social.

La pandemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA)  eleva el contagio y la tasa de mortalidad entre los hombres y mujeres comprendidos de 15 a 24 años de edad en la citada región.

Otros estudios afirman incrementos alarmantes en el consumo desde la niñez de  alcohol, tabaco y otras drogas –clasificadas como ilícitas–, en  personas de uno y otro sexo.

Sin estar exenta de riesgos y de sufrir  consecuencias de los citados males, a pesar de las  limitaciones económicas que padece, en Cuba la juventud  tiene el privilegio de contar con un sistema de salud gratuito, de cobertura universal, moderno y eficiente, que brinda a toda la población elevado nivel de protección y larga expectativa de vida.

Como parte de la prioridad de que goza la atención a  los menores,  en la Isla se aprobó  la extensión de la atención a los adolescentes hasta los 17 años 11 meses y 29 días en los hospitales pediátricos de todo el país.

Es conocido que el tratamiento personal con retrovirales, que retardan las letales consecuencias del virus de inmunodeficiencia adquirida, implica elevados gastos que la inmensa mayoría de los que  sufren el mal  no pueden sufragar ni disponen de  suficiente ayuda estatal  en la región.

Sin embargo, en la Antilla mayor también esa atención es privilegiada por el Estado, y se mantienen los índices de infestación dentro de rangos mínimos y brindar eficaz atención a los enfermos, quienes prolongan su expectativa de vida.

Obviamente, no basta clasificar causas estadísticas y presumir factores de riesgos. Es imprescindible buscar lo que está detrás de la fachada de los sistemas sociopolíticos para comprender mejor razones, consecuencias y posibilidades de elevar la asistencia sanitaria a los jóvenes,  porque el grado de  salud de esa masa de futuros adultos decide en la aspiración al desarrollo. (TVY)(02/09/17)

 

 

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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