Estadísticas que citan factores principales relacionados con la salud y la mortalidad de los jóvenes en Latinoamérica y el Caribe, suelen enmascarar verdaderas causas del drama que se acentúa por déficit asistencial.
En el grupo de entre 15 a 24 años de edad, estudiosos afirman que los principales factores que conducen a la muerte son homicidios, accidentes del tránsito asociados a la ingestión de bebidas alcohólicas y otras drogas, y suicidio.
Entre las mujeres se incluyen las complicaciones del embarazo, parto y puerperio, pues 38 por ciento de ellas queda embarazada antes de cumplir los 20 años, y entre el 15 y 20 por ciento de los bebés son hijos de adolescentes.
Las conductas de riesgo que asumen los jóvenes aparecen relacionadas implícitamente con el ejercicio de la propia voluntad, y este solo condicionado por cierta “herencia o hábitos de carácter cultural”, pero no suelen analizarse realidades socioeconómicas y políticas predominantes donde ellos residen.
De esa forma, frías estadísticas y conceptos aislados que tratan de explicarlas corren el riesgo de enmascarar las principales causas de los problemas, lo que enturbia el análisis causal y entorpece la comprensión de soluciones vinculadas con la necesidad de cambios estructurales.
No se trata de aplicar criterios reduccionistas a los problemas de salud, que no pueden separarse del grado de asistencia, y este de los reales factores socioeconómicos que la condicionan, sino de ir a la raíz verídica de los males.
El Centro de Estudios de la Juventud en Cuba afirma que entre las jóvenes mujeres de Centroamérica –entre 10 y 19 años de edad–, las causas más frecuentes de egresos hospitalarios (31 por ciento) se vinculan con gestación, parto y puerperio.
Lógicamente esos elementos, aunque vinculados con “tradiciones culturales”, científicamente son inseparables de educación sexual, alimentación y condiciones generales de atención sanitaria y médico asistencial, y estos determinan las elevadas tasas de mortalidad infantil y de muertes maternas que se aprecian en la mayoría de los países del área.
El contraste es Cuba, donde las condiciones sociopolíticas y económicas garantizan una atención estatal que privilegia a la madre y al niño, la que se traduce hoy en la tasa de mortalidad infantil de apenas 4,3 por mil nacidos vivos, la más reducida de Latinoamérica e inferior a la de EE.UU.,y entre las naciones de mejores resultados en Europa y Japón, además de baja incidencia de la mortalidad materna.
Traumatismo, violencia, tuberculosis y obesidad entre adolescentes, aparecen entre los factores de morbilidad que se elevan en el área latinoamericana y caribeña, de los cuales no se libra ninguna nación, pero la mayoría de ellos se acentúan en la medida en que cada país muestra los más elevados índices de pobreza y desigualdad social.
La pandemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) eleva el contagio y la tasa de mortalidad entre los hombres y mujeres comprendidos de 15 a 24 años de edad en la citada región.
Otros estudios afirman incrementos alarmantes en el consumo desde la niñez de alcohol, tabaco y otras drogas –clasificadas como ilícitas–, en personas de uno y otro sexo.
Sin estar exenta de riesgos y de sufrir consecuencias de los citados males, a pesar de las limitaciones económicas que padece, en Cuba la juventud tiene el privilegio de contar con un sistema de salud gratuito, de cobertura universal, moderno y eficiente, que brinda a toda la población elevado nivel de protección y larga expectativa de vida.
Como parte de la prioridad de que goza la atención a los menores, en la Isla se aprobó la extensión de la atención a los adolescentes hasta los 17 años 11 meses y 29 días en los hospitales pediátricos de todo el país.
Es conocido que el tratamiento personal con retrovirales, que retardan las letales consecuencias del virus de inmunodeficiencia adquirida, implica elevados gastos que la inmensa mayoría de los que sufren el mal no pueden sufragar ni disponen de suficiente ayuda estatal en la región.
Sin embargo, en la Antilla mayor también esa atención es privilegiada por el Estado, y se mantienen los índices de infestación dentro de rangos mínimos y brindar eficaz atención a los enfermos, quienes prolongan su expectativa de vida.
Obviamente, no basta clasificar causas estadísticas y presumir factores de riesgos. Es imprescindible buscar lo que está detrás de la fachada de los sistemas sociopolíticos para comprender mejor razones, consecuencias y posibilidades de elevar la asistencia sanitaria a los jóvenes, porque el grado de salud de esa masa de futuros adultos decide en la aspiración al desarrollo. (TVY)(02/09/17)
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