Sábado , 7 diciembre 2019
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Historias del más acá y del más allá

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Las historias del más acá y del más allá, involucran a  personajes variopintos, algunos  con vocación de soñador suicida, ese que en la medianía de la vida echa por la borda  sentimientos,  creencias, familia  y recuerdos de lo vivido para emprender una aventura viajera, encandilado por el estribillo de que “la ilusión no se come, pero alimenta”.

De esa realidad aliñada se nutren espectáculos hablados de la televisión estadounidense, algunos  de alta popularidad, que atrapan a   millones de telespectadores.

Ese certificado de audiencia vende caro los espacios de anuncios en la caja de ensueños.

Las madejas de los guiones entrelazan medias verdades y mentiras completas de personas que venden sus historias y presencia por módicas sumas y se prestan a mostrarse  ante las pantallas para que gocen los televidentes.

La premisa de consuelo, que se ofrece en ocasiones como justificación para mostrar crudas miserias de los seres humanos,  es que servirán de experiencia a otros para que no incurran en los mismos errores.

A los testimonios la combinación que forman productor y guionista  añade imaginación y surgen los asuntos, preferentemente basados en tragedias sexuales  que involucran a  transgéneros, transexuales,  lesbianas,  gais y heterosexuales en eventos donde abundan relaciones incestuosas, pederastia,  homofobia,   tráfico humano, parafilias, violaciones e infidelidades.

No faltan los sobornos, secuestros  y estafas en la larga relación de temas  a los que el público consumidor de este tipo de espectáculos hablados  le gusta asomarse.

A este género pertenece la historia de Ramsés, hijo de Briseida, una cubana  que emigró a Miami, donde se hizo ciudadana estadounidense y 15 años después instó a su hijo a que vendiera la mansión que había heredado en La Habana, valorada en más de 100 mil dólares, y le mandara el dinero a fin de multiplicarlo, le decía, mientras tramitaba los papales para que se mudara con su familia a “La Yuma”.

La sorpresa para  Ramsés llegó cuando  tocó a la puerta de su madre en Miami y  comprobó que ella había derrochado el dinero en los casinos de Las Vegas y no lo podía acoger en su casa,  porque residía en una vivienda subsidiada donde se lo prohibían.

Ramsés, sus dos hijos y esposa, fueron a vivir su sueño americano dentro de un  viejo auto, debajo de un puente.

Si usted se enteró de esto en un show hablado hecho en Miami, no es pura coincidencia. Son  historias  del más acá  y del más allá.

 

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