Quizás pocos mantanceros conozcan que la calle junto a una de las márgenes del río San Juan, donde se ubica la base de pesca deportiva, se nombra Refugio.
Allí se yerguen pequeñas edificaciones donde los pescadores guardan los avíos, y demás aparejos de pesca. Pero son los botes el sello distintivo del lugar.

La religiosidad se pone de manifiesto con ofrendas relegiosas dedicadas a Oshún, diosa del río segùn la religión yoruba.
Desde la orilla menos transitada los edificios de la calle Narváez muestran una peculiar vista
En las apacibles tardes las familias deciden pescar la suerte

Una gran piedra invita al sosiego
Los botes engalanan las márgenes del San Juan

Las embarcaciones llevan grabado a un costado un nombre de mujer

Por azar los botes llevan colores similares a los edificios de la calle Narváez dotando a la zona de una preciosa vista

Los niños lanzan piedras acrobáticas al río

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