Martes , 3 diciembre 2019
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¿Le falla la memoria?, lleve las neuronas al gimnasio

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Las personas de edad avanzada no son  las únicas  expuestas a dificultades con la memoria. También  las más jóvenes  suelen quejarse de  no recordar temas de estudio, ni dónde dejaron  objetos;  olvidan direcciones, números telefónicos, nombres,  y sucesos.

Las neuronas,  células cerebrales que  permiten las prodigiosas facultades de pensar y recordar, también necesitan  ejercicios cotidianos para mantenerse en forma y  expresar  el potencial de inteligencia y  capacidad de obrar.

Igual que   músculos,  articulaciones, venas,  arterias, o cualquier otro componente de la anatomía humana, el   sistema nervioso debe ir cada día al “gimnasio casero de la voluntad” para entrenar, con mayor  puntualidad y constancia en la medida en que el individuo  añade  años a su vida y desea que la calidad de esta, lejos de menguar, se acreciente.

Como sucede con enfermedades o problemas funcionales, las causas de la mala memoria generalmente son  multifactoriales.

Pero son los factores subjetivos, dependientes de la voluntad humana, los que más intervienen en la calidad de la memoria a cualquier edad, tales como  hábitos  incorrectos, falta  de información o mecanismos psicológicos de defensa que cierran la razón al conocimiento.

Entre estos últimos están los gustos alimentarios, que impiden una nutrición adecuada; vicios como la drogadicción, incluido el alcoholismo y el tabaquismo; sedentarismo físico y mental; estrés prolongado y trastornos del sueño por causas controlables,  problemas que propician diversas enfermedades.

Cuando la persona  se sienta frente a una hoja de papel y anota uno a uno los asuntos que  identifica entre la lista enunciada, se da cuenta de cuánto podría ella misma aportar en beneficio de su memoria y de su calidad integral de vida.

De pronto descubre que  el principal “aparato restaurador” de las neuronas es el de fijar  la atención, que  no depende de electricidad, porque se alimenta  con energía de voluntad.

”El estrés influye en las lagunas de memoria porque afecta la capacidad de procesamiento, al impedir que la mente efectúe un análisis más rico para reconstruir una actividad mental determinada”, señala el psicólogo norteamericano Robert Wilson, de Chicago.

La retentiva también flaquea por el actual bombardeo de datos a que nos vemos sometidos a diario, pues disipa la atención y hace que usemos menos la capacidad de recordar porque desconfiamos de ella, según el neurólogo  Henri Rubinstein.

Entre las recomendaciones elementales que la persona puede seguir para reforzar su memoria está la necesidad de establecer un lugar específico para dejar  objetos cotidianos, como  llaves de cerraduras, espejuelos,  carteras o agendas.

La  concentración y la memoria  se ejercitan  prestando atención consciente  a cada uno de los actos  propios,  lo que conlleva desterrar  apresuramientos  que a la larga  inducen a cometer  errores e impiden fijar lo que se hace.

Memorizar titulares de noticias, la forma en que van vestidas las personas que observamos y localizar la procedencia de los ruidos, contribuyen a activar las conexiones ínter neuronales.

Una vida intelectualmente activa consiste en dedicar más tiempo a leer en lugar de mirar televisión, participar en eventos sociales, estudiar nuevos temas de interés sin reparar en la edad que se tenga y  concentrarse en lo que se está haciendo sin permitir que otros pensamientos bloqueen esa atención.

Existen otras prácticas que también contribuyen a vigorizar la memoria a cualquier edad, pero ninguna superará a la  universal: concentrarse en los detalles de lo que se está haciendo en cada momento.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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