Martes , 19 noviembre 2019
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Ancianidad y jubilación, realidades del entorno

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El promedio de edad sigue alargándose en Cuba. Según estadísticas demográficas ya ronda las ocho décadas y más del 20 por ciento de esa población rebasó los 60 años, una buena proporción  supera los 70 y otros ya se adentran en la que ahora llaman cuarta edad,  los de más de 80…

La ancianidad y la jubilación son hechos concomitantes. Continuar trabajando cuando se llega a la edad del soñado descanso lúcido es  decisión personal. Puede responder a situaciones diversas, de acuerdo con el entorno socioeconómico del anciano.

En Matanzas y en otras provincias,  por ejemplo, sigue creciendo  el segmento de los sexagenarios que se jubilan para cobrar la pensión monetaria que les garantiza la Ley de Seguridad Social, y continúan trabajando, ya sea mediante  contrato en una entidad, o ejerciendo  algún oficio por cuenta propia, opción que también abrazan  amas de casas necesitadas.

La razón básica de esas personas, desde hace años, continúa siendo la necesidad de  obtener ingresos suplementarios que les permitan  afrontar el costo creciente de alimentos y servicios, a pesar de que algunos de estos,  como la electricidad, y una mínima canasta básica, se obtienen a precios subsidiados, y otros son gratuitos, como la asistencia médica, aunque en este punto son numerosos los que opinan que  “enfermarse cuesta caro”.

En  nuestro país el reconocido déficit de fuerza de trabajo, en relación con la demanda, posibilita que los mayores se reinserten en la vida económicamente activa, mientras se lo permitan las  fuerzas físicas y mentales, y  su rendimiento cumpla las exigencias propias o las  del empleador.

No es la primera vez que abordo este asunto luego de conversar con  contemporáneos de la tercera edad avanzada. Las opiniones continúan siendo recurrentes y coinciden  en  que las expectativas para cuando  llegaran a la tercera edad eran disfrutar del tiempo libre.

Pero la realidad económica no se los permite. Otros lamentan la lejanía de familiares que se ausentaron para laborar en el exterior, pero admiten que las ayudas monetarias que reciben  contribuyen a solventar sus gastos, y en general comentan  que en todo caso se sienten seguros de que en cualquier circunstancia personal  seguirán gozando de las variadas prestaciones que la justiciera sociedad cubana les facilita,  del techo, que ningún banco le quitará, y del aprecio de numerosos amigos, con quienes comparten  el saludo cotidiano y la sincera solidaridad humana.

Ancianos en su entorno social,  sigue siendo  tema  de variopintas aristas y contrastes, en nuestro país y en otras latitudes. Pero aquí se asienta en una realidad inamovible: la garantía reiterada por las máximas autoridades políticas y gubernamentales de que nadie, absolutamente nadie, quedará desamparado.

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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