Viernes , 23 febrero 2018
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Los colores de Mariela ( + Fotos)

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Cuando uno se va aproximando a la casa de Mariela Alemán, en el poblado de Guásimas, desde la distancia percibe la escultura de una gran tijera que descansa en su tejado, símbolo de su quehacer, y similar quizás a aquella que le tomara a la abuela en su niñez para confeccionar su primera pieza textil para una de sus muñecas.

Convertida en una diseñadora de gran prestigio y notoriedad, con disímiles premios y reconocimientos, su nombre es un referente en las principales pasarelas del país. Hoy su arte trasciende las fronteras con revolucionarias propuestas que se exhiben en ciudades de renombre como New York.

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En el mundo artístico le llaman Mariela Colores, y al ingresar a su taller redescubre la niña que fue. Enseña sus piezas como si se trataran de sus juguetes más preciados, los desparrama sobre la mesa de trabajo y explica las técnicas empleadas y cómo consigue las diversas tonalidades cual si fuera un juego que disfruta a plenitud. Lo hace con júbilo, sin regodeos, ni ínfulas de grandeza, sino con una pasión patente por cuanto hace.

Hasta se llega a pensar que el trabajo del diseñador es cosa fácil, sin noches de desvelos, ni la angustia nerviosa que precede a cada exhibición.

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Reconoce que cuanto es, lo debe a la influencia de su abuela, quien era costurera. Ella le veía siempre en la máquina de coser y por imitación quizás, o por vocación temprana, comenzó a elaborar las ropitas de sus muñecas. Siendo una pequeña de tercer grado, cosió un “shorcito” que fue el orgullo de su abuela, quien henchida de gozo mostró el talento de la nieta a todas las vecinas.

Mirando a su nana se adentró en ese universo de crear vestidos con sus manos. Sus inicios transcurrieron en Bolondrón. Y fue allí donde trabajó durante 14 años, en la Casa de Cultura de su pueblo natal. Luego impartiría clases de pintura, e incursionaría en el bordado y el punto crochet, siempre trabajando con niños.

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También cita como influencia determinante a su profesor Raúl Borondino, de quien recibiría clases de pintura en la escuela de arte. Así se apropió de la técnica del estarcido en óleo y acrílico.

Pero a Mariela, tanto como la pintura, le interesaba diseñar vestidos, así que eligió las telas como soporte para sus inquietudes artísticas.

Comenzó probando. Quería trasladar la técnica a los tejidos y lo intentó una y otra vez, pero el resultado final no le satisfacía. Rememora que un buen día, inmersa en su empeño, la llamaron para algo… y cuando regresó a su mesa de labores el sol había “trabajado” las telas, produciendo un efecto maravilloso en los colores. Asegura que fue de manera casual.

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Por eso manifiesta con marcada modestia que muchos de sus logros son accidentales, “¡es el sol quien me ayuda!”, y aduce que también por azar el astro rey le regaló otro efecto imaginado cuando al caer sobre un tejido varias hojas de plantas, produjeron una amalgama de tonos y figuras, similar a la técnica del estarcido.

A partir de allí comenzó a experimentar, a jugar con la luz natural y los matices. Lo mismo aprovecha los granos de arroz, que plantas que cultiva en su casa, como la higuereta, y comienza a crear con una energía inusitada, casi con frenesí.

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Cuando se le pregunta qué surge primero, si comienza de una idea prefijada, duda en responder, porque lo de ella es crear y disfrutar creando.

“Un día trabajo las telas en el entintado, otro, se me ocurre diseñar un vestido. En ocasiones sí sé lo que quiero conseguir y parto de un diseño preconcebido, otra veces no, y me dejo llevar por la inspiración.

Inspiración que no responde a un momento específico, ni a una musa antojadiza, si bien prefiere las mañanas soleadas, trabaja cada día de la semana.

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ARTE Y MODA

Mariela siente un cariño especial por el evento Arte y Moda, entre las principales plazas del buen vestir en Cuba. Participó por primera vez en el 2012

“Arte y moda es un certamen muy bello, los diseñadores deben crear a partir de la obra de un pintor. En una ocasión me correspondió producir mis piezas a partir de la pintura Bicicleta, de Luis Enrique Camejo.

Pieza perteneciente a la colección Bicicleta

Pieza perteneciente a la colección Bicicleta

“Recuerdo que estuve una semana sin dormir. Debía confeccionar una prenda a partir de un ciclo, con todos los accesorios, timón, sillín, e incorporarlos al vestido. Pero el resultado fue favorable.

FRIDA

En la vida de Mariela, Frida Kahlo es una constante. En cada espacio de su casa uno se topa con cuadros con el rostro de cejas pronunciadas y mirada desafiante de la pintora mexicana, acompañados de esas frases ingeniosas que le caracterizaron hasta convertirla en un símbolo de rebeldía y pasión.

Esa admiración de Mariela se vio retribuida y alimentada cuando tuvo la dicha de crear varias piezas de vestir a partir de la pintura Cartas de amor a Diego, de la artista de la plástica Lesbia Vent Dumois.

La propuesta de Vent Dumois le chocó un poco porque era muy conceptual, mas Mariela no se amilanó y echó a volar su imaginación, y junto con esta, también el sueño, porque estuvo sin dormir varios días hasta que al fin logró aprisionar una idea, y cuando comenzó a elaborar sus bocetos sintió tal golpe de energía y entusiasmo, que creó una colección de 25 piezas.

Con la colección Frida la diseñadora obtuvo numerosos reconocimientos

Con la colección Frida la diseñadora obtuvo numerosos reconocimientos

Tal fue la reacción de la crítica que su propuesta resultó elegida entre los 10 mejores trajes de la década de existencia de Arte y Moda.

Luego le invitaron a otro certamen prestigioso en New York, la Semana de la Moda en Harlem. Una experiencia única para ella.

Recientemente resultó seleccionada para participar en el homenaje que efectuará el Fondo Cubano de Bienes Culturales para celebrar sus 40 años de creado, organización a la cual pertenece.

Se deduce que el lugar que más disfruta de su hogar es el taller, y ella lo corrobora, agregando que su trabajo no termina al colgar el vestido en la percha. Para ella el momento cumbre es la pasarela, cuando las modelos defienden su trabajo.

“Yo disfruto todo el proceso, pero ver la obra terminada en la pasarela me regocija. El sentimiento debe ser semejante al del pintor que ve su obra en la galería, o al músico en un concierto, lo importante es la respuesta del público. Para un diseñador esos 10 o 15 minutos que dura la exhibición resulta la culminación de la obra y lo es todo para mí.

Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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