En el amplio proceso de fabricación del tabaco cubano muchos han escuchado hablar alguna vez del veguero, el torcedor o del lector de tabaquería, sin embargo, poco se ha dicho del recolector de yaguas, quien con su que hacer anónimo posibilita la protección de las hojas en su largo trasiego hasta convertirse en el afamado Puro Habano.
“A machete nos abrirnos monte en la manigua porque el caballo apenas podía caminar entre tanta maleza; muchos de estos caminos los hice con mis manos”, comenta Osnielky.
“El aire es mortal porque endurece las yaguas y las vuelve frágiles como un cristal, y cuando llueve se pudren, sin dudas la mejor época es el verano. Pero nosotros trabajamos todo el año”, asegura Osnielky.
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