Martes , 10 diciembre 2019
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Frente frío

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La primera brisa fresca de noviembre me saca del pecho un “Winter is coming”. Lo digo bajito, para que no me crean loco. No soy el único. En broma o en serio algunos repiten el lema de los Stark de Canción de Hielo y Fuego como si pudiera hacer alguna diferencia, a modo de conjuro para atraer al frío verdadero a esta isla del eterno verano.

En estos días la gente huele a polvo en las mañanas, mal disimulado entre el perfume y los olores del cuerpo. La ropa más gruesa largo tiempo olvidada en los escaparates a la espera del tímido invierno tropical es sacada de prisa, y despide todavía un tufo a libro viejo.

“Ya nada tiene la misma calidad de antes, ni siquiera el frío” dice mi vieja tía que pela ajos en la cocina mientras el gato a sus pies se lame el pelaje tricolor, indiferente al clima. No sé si creerle, porque para ella todo lo de antes fue mejor, sobre todo si se habla del sabor de los mangos o de las telenovelas.

El Invierno, así con mayúscula, es un acontecimiento que en el Trópico nunca ocurre. Para quienes añoramos día tras día un cambio en la rutina de vivir sudando, cada  frente frío es una fiesta.

Sin embargo, cuando el termómetro marca menos de 15 grados Celsius nos quejamos de que “está chiflando el mono”, y mientras temblamos entre varias capas de abrigos miramos con horror a los turistas de Canadá o Europa darse un chapuzón en las aguas de Varadero.

Dentro de mi casa el invierno solo existe en aquellas postales ya descoloridas que mandó el pariente tras mudarse a un idílico lugar allende los mares: estampas de adorables casitas con humeantes chimeneas, medio ocultas entre la nieve de un paisaje con pinos.

Claro que amamos esas escenas de países donde sí existe el invierno, porque a cualquier hombre sediento se le hace la boca agua con el comercial de una cerveza fría.

Pero en lugar de nieve recibimos lluvia en gotas frías y cortantes, buena para recordar las viejas cicatrices. “En eso consiste la vida. En todo lo que sucede cuando estás esperando que ocurra otra cosa”, escribió Joe Abercrombie.

Ya está cerca el tiempo en que la gente decora el árbol navideño, con luces de colores y muñecos, y los más creativos cubren ciertas ramas del pino artificial con algodón para semejar la nieve que no se consigue por ninguna parte en esta hermosa isla del Caribe.

 

Acerca de Roberto Jesús Hernández Hernández

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Un comentario

  1. Gracias Robe, excelente como siempre!!.. para orgullo nuestro, te nos estás convirtiendo en el CIRO BIANCHI de Matanzas

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